GRATITUD
El sol ha sido devorado por los edificios de la urbe, mientras esta concibe a la luz mercurial. El señor Pérez ha abandonado el bar donde había nutrido sus penas maritales y el hambre de sus críos; recorre la avenida con el sosiego que da el alcohol en las venas, sin percibir al sujeto que era vomitado por las sombras: La punta de un revolver lo sorprende, el asaltante le quita todo lo que trae de valor y hasta la borrachera que tanto le había costado.
La víctima ruega por su vida, en nombre de sus hijos que momentos antes no le interesaba recordar, el ladrón se la concede.
El inmolado emite un murmullo quebrado:
-Gracias.
El malhechor desaparece en la penumbra, mientras el pobre hombre sigue su camino… temblando.
ESPEJISMO
A través de eternas dunas, un hombre deambula sin más esperanza de la que cabe en su cantimplora vacía. El sol lo ha mirado desde todos los ángulos posibles sin que ninguna nube lo importune. Intenta caminar veloz para no dejar escapar su ánima, mas esta es demasiado ágil y la pierde de vista en varias ocasiones.
A lo lejos vislumbra un oasis etéreo; con las fuerzas que le quedan intenta correr hacia él, consiguiendo sólo imitar a las serpientes.
Se refresca en un manantial bajo el cuidado de cóndores motivados, come dátiles jugosos creados de la carne de Adán y es fascinado por una bella mujer evanescente que reside en ese paraíso.
Sin más fe de la que podía tocar, decide olvidar su vida anterior y abandonarse en este paraíso para siempre.
Al pasar una caravana por ese lugar, dos hombres conjeturan su existencia al mirar un cadáver abrazado a la nada.
ESFINGE
Víctor, como cada noche, miraba a través de su ventana, esperando descubrir entre el gentío, el rostro de la que lo tiene embelesado. Su persistencia fue premiada cuando vio salir de la casa frontal a una mujer de rostro hermoso y elegancia felina. Su enigmática presencia lo había seducido.
Ella sonríe, sabe que es observada. Pero no es un gesto de alegría sino de satisfacción.
Después de varias noches de vela y sueños quebrantados, él decide abordarla:
-¿Que puedo perder?- pensó.
Se dirige a la casa de aquella dama, con la mente en blanco para no arrepentirse; al estar frente a la puerta duda, mas antes de siquiera pensar en tocar el timbre la mujer ya tenía abierta la puerta. Lo invita a entrar con voz fascinadora, la voluntad del joven fue sometida por varios pares de atributos femeninos. Después de acceder a la vivienda la puerta se cierra a sus espaldas.
Ella se acerca lentamente: su fogosidad desértica como viento del Sahara lo abrasa. Víctor respira con dificultad auxiliándose de la boca para no ahogarse; se siente aturdido y percibe su entorno moviéndose a toda velocidad alrededor de él; se acelera su corazón al igual que su respiración. Estaba desconcertado cuando la voz de la dama taladró su cerebro.
-¿Que sientes por mí?
A lo que él respondió con voz agitada.
-Te amo.
Y selló sus palabras con un beso apasionado.
Por la mañana, el ruido de sirenas quebró el silencio, encontraron el cuerpo de Víctor en un callejón cercano a su casa; los paramédicos escriben con letra ilegible: muerte por asfixia.
ANÁLOGÍAS
Existía un mundo que nunca fue plano, giraba sólo sobre su eje en ambas direcciones. Sus habitantes tenían la seguridad de que eran los únicos entes en el universo.
Uno de ellos, un gran científico de este cosmos, creó un extraño aparato -a su edad madura de 32 segundos- que le permitía ver más allá de su mundo. Entonces descubrió un ojo enorme que los observaba. Fue tanto su asombro que continuó creando artefactos cada segundo de su vida, para ver más lejos en el espacio.
Ya siendo un anciano de 76 segundos, logró crear uno que le permitió ver por completo al individuo del gran ojo, el cual, comprendió el inventor, sostenía su mundo: esta entidad tenía vida, mas el científico estaba muy lejos de descubrir si sería un ser con inteligencia. Murió un par de segundos después con la gran incógnita, pero con la satisfacción de haber aprovechado cada segundo de su vida.
Al mismo tiempo un mecánico observaba minuciosamente un tornillo para el trabajo que realizaba.
MIEDO
La pequeña Diana, le pidió a su mamá, cuando esta la arropaba con el edredón:
-Mamá déjame dormir con la luz encendida.
Su madre rechazó la petición diciéndole que tenía que enfrentar sus miedos para que estos desaparecieran. Apagó la luz y antes de salir de la habitación le dijo:
-De todos modos sabes que estoy aquí a lado.
A media noche la mamá despertó a causa de los gritos de Diana. Rápidamente se dirigió a la habitación y encendió la luz.
-Mamá tengo miedo, no apagues la luz, déjame dormir contigo, por favor.
Abrazó a su hija, tratando de calmarla, se levantó, abrió el closet enseñándole a Diana que no había nada, e hizo lo mismo con todos los muebles de la habitación. Diana levantó con premura los pies que ya colgaban de la cama; su mamá entendió de donde venía su miedo. Lentamente se dirigió hasta ella, un ligero escalofrió recorrió su cuerpo, se agachó y alzó la colcha que impedía mirar bajo la cama… No había nada.
De nuevo arropó a Diana y le dijo que estuviera tranquila.
-No hay nada que temer. Dijo su madre antes de darle un beso en la frente y apagar la luz.
Cuando salía de la habitación se detuvo y de nuevo se asomó bajo la cama. Se levantó como impulsada por un resorte, tomó a Diana y se dirigió hacia su habitación prendiendo todas las luces en su camino. Se subió a su cama y abrazó fuertemente a Diana. Con los ojos bien abiertos, las dos permanecieron casi inmóviles hasta que la luz del sol apareció por la ventana.
Morir mil veces
Caminaba sobre la acera, el sol alimentaba mi rostro con suave caricia. Mi pequeña trotaba a mi lado, con su sonrisa me mostraba la irrefutable verdad de Dios mientras su manita escarbaba la protección entre mis dedos. Sus labios se abrieron, dibujando el trayecto de una filosofía inocente interrumpida por el trueno de la muerte vestida de plomo. Sus ojos verdes infantiles se inundan de un líquido salino que grita dolor, su garganta quiere lanzar un alarido ahogado por el escarlata. Su cuerpecito tirita entre mis brazos mientras sus ojos se graban en mi alma con fuego ardiente que nunca cesará… ni cuando desperté de pronto sudando frío y descubrí a mi pequeña en su camita… soñando.
jueves, 29 de abril de 2010
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