Luna nueva
El viento blasfema afonías evaporando eternidad
Como bestia arraigada en mi alma cuando la rosa bebe su delirio.
Me aglutina la boca del lobo en suspiros de la tierra
Dibujo lágrimas frutales en mutismos de piel marmolea que escurre en mis dedos celestes en bocas de pensamiento.
La oscuridad carcome los zaguanes del maíz en los trozos del durazno.
***
Incoherencia:
Desperté muriendo, comiendo mi carne en las memorias
En puertas de aliento, besando palabras escucho afonías.
Sintiendo la muerte dentro del palpitar de la miel
me salpicas idioma de ayer en viento.
Lo fatal manchara mi sed.
El deseo trozara la tribulación
cuando por fin los cabellos de la tierra, confidentes del amor
edifiquen en la cosmología del ayer una utopía torrencial
en cabezas cercenadas por estupidez conyugal.
Escucho sangre en el daño del pasado
centro del universo en recorridos nocturnos
de buganvilias que gimen ocultas entre sabanas desesperadas.
Los suspiros del ensueño surcan en parvadas.
Si pudiera morir como el gato de mi ventana esperaría mis motivos
Mañana cuando el sol muera en su pedestal beberé un trágico final
saboreando la melodía de la simbiosis de suicidas, masticando la radiante sombra del espejo
tragando el fuego de la miel
masticando sueños del árbol de la incoherencia.
***
Demonio canción
Escupo versos para una joven
a ella le gusta como canta su ventana
pero el punto y coma de mi verso me robo la inspiración
en cacofonías del adjetivo muero en mis sustantivos.
La boca del poeta es la pluma del corazón
sin tinta, ni estrellas en donde escribir agoniza mi espíritu.
Mañana cuando mis versos regresen en parvadas de espejismos
moriré con en la tumba de mis palabras.
***
Crepúsculo:
Agoniza el bosque del amor en mi pecho anaranjado
comprado por las puertas del aliento.
Vomitare mi epidermis en la hora violenta del crepúsculo pasado.
Continuo mi travesía por la carretera del amor
fincando situaciones con anzuelos de dolor.
La oscuridad me habla, soy su confidente
guardo su terciopelo en los cardos del fénix.
***
Tiro a la luna:
En el león soñó con la oveja
le regalo su amor en un frasco
juntó en una caja de cristal el yugo de las estrellas.
Salé la noche y se columpia con la estupidez del cordero
juega con el masoquismo de león en la vida lenta del caracol.
Amarte
Amarte con llagas como recuerdos
en silencios rasgados de mi alma.
en gritos mudos del silencio.
Amarte con diferente identidad en la misma historia.
Reprimiendo mi sed, consumiendo herejías de miradas.
Amarte en recuerdos que me quieran olvidar.
***
Mutismos de luna:
Ardo en soledad baldía, escupiendo soles en tempestad.
No arranques las migajas de sueños que anidan en tu piel.
Perdona mi dolor, tu único declarante.
Fracturas las mascaras del espejo
y frente a la ilusión tomas mi lugar.
No importa si ignoras la sed que beben de los fantasmas de la insolencia.
Desde tus pretextos huertas el cáliz de mi barbarie.
Esta felicidad al prisma de tú límite abandona tu piel.
Riveras de recuerdos vacían mi alma con un frenesí de intruso.
Clamo tu nombre la sordera.
Tu ausencia de tu eco es suplicio de mi necesidad.
Sacrificas mi fe, sombra de la esperanza.
Opacas tú dulce aroma en la pesadumbre.
Separadas nuestras manos delante va el miedo de nuestra imperfección.
***
Enemigo perfecto:
En tú asteroide me disipé
divagando inconsciente entre tus edenes.
Ahí reparo tiempo dibujando mi voz
cuando suspira mi alma en el umbral de un sueño perdido.
La sombra de tu nombre, células que se ahogan en cansancio
donde sus fantasmas tiemblan bajo luces de ayer.
Renazco noches en chispas de caramelo.
En cada luna soy el relámpago de mis ecos
donde ocultan recuerdos partidos en gemas de memorias.
Mis pensamientos de luz ensombrecida por ángeles que lloran cicatrices.
Sin palabras hablamos conformando rompecabezas morbosos del ocaso perturbado.
Estoy recordando sin pasado, caminando sin extremidades
Rescatando espejismos en susurros, llamas intimas en partituras.
***
Mirada de otoño:
La indiferencia tiembla bajo tu atroz mirada
me reprime y atormenta los sueños, canta en sangre al dolor.
Llagas de licor e inmortales tempestades me provocas.
Tu mirada es paraíso de ilusiones carentes de razón.
amargo deseo cubierto de locura que no anochece.
Te rindo hasta el último despertar al huir de mi.
Acorta el tiempo entregando mi aliento.
Tus ecos besan el aire
son fuego desalentado, un corazón en sombras ausentes.
Luces muertas iluminan su entrada y arremolinan la ironía.
Desnudas la inocencia bifurcando comisuras.
Alimentas a los ríos que desembocan en el olvido.
Eres como sepulcro de confusiones que claman lagrimas
manantial de pasiones rotas y piezas desubicadas.
Disipas la felicidad en afanes, carcomes labios aspirantes a tu caricia.
Tus aglomeraciones de vidas pasadas chorrean del espejo
tesoros de piedad enfatizando ahogo.
Me abraza la tristeza gritando los deseos.
Escupes egoísmo, infectas codicias deliberadas.
El terciopelo de tu mirada resguarda perdición en lamentos de frutos primaverales de invierno.
Eres tinieblas encendidas de la luna de otoño.
***
Hoguera:
Secretos abultan curiosidad
como el prado de miel que corre después de tu eco para bañarse con su sombra.
¿Qué hará ese fantasma invernal en tus ojos, cuando mañana te tragues días en mis orígenes?
Mi alma juega con la ausencia
Fincando soles de media noche, falta que llore tu voz
Ensombrecida por nuestro corazón.
Las promesas resguardan crepúsculo en un millón de huellas.
La confusión del nosotros separada por afines conyugales
manifestados por estupidez.
Se queman mis dedos, todo sucumbe
y mi aliento deja de pedirle a la vida que acaben los suspiros de mis ojos.
Mientras tanto el significado del silencio eleva conversaciones
de personas que desconocen sus lazos de amistad vomitando realidades inversas.
***
Complicaciones:
Me fundo en un grito con la venganza.
Las memorias dejaron un infierno en mi pecho
como moretones en el tiempo.
Mis venas reciben aun nuevo huésped compartiendo
su rasposo caudal con un corazón suicida
su tiempo me persigue con un manto galáctico.
***
Pesadilla:
El amor afina diamantes en su bóveda
cuando el oro acaramelado de tus ojos se congela.
Si el atrapa sueños de mi alma sirviera
encadenaría el aire para convertirlo en mi esclavo.
Cumbres borrascosas:
Abrazo a la soledad entre tinieblas
el sabor del viento me acaricia el paladar
en lenguas de fuego que escupen a mi pecho donde había un corazón, ahora no encuentro su lugar: lo asesino tu mar galáctico.
***
En mis ojos:
Bajo el templo de tu subconsciente tu alma se adhiere a mis labios.
Desnudo susurros bajo el sol
toco el horizonte con el terciopelo.
Del abismo conjuras mi nombre inmortal.
Tres:
Llora mi piel, alfombra de tus sueños: Oscuros fosos de brazos ciegos.
Sentimientos: ni tu perturbado reflejo les tiene piedad.
Mentes versus cuerpo: la boca de sangre saborea su entierro.
***
Travesía:
Un corazón de mil pechos blasfema de una boca sin rostro
nómada refugiado en la agonía
lugar de oscuras luces.
Nuestro tiempo transcurre sin treguas
pero no sucumbirán los ilusos de tu infierno.
Gritamos tu lujuria y la mía llorando vanidad.
***
Deriva:
A la deriva de la inconsciencia dibujo cantos en círculos de calma
como llama de infinito que suicida sueños
cuaderno que regresa del rió cuando frena primaveras
pasando milenios contemplando su desnudes.
Escondo caricias en escombros de recuerdos
en niños enfebrecidos por el aire que los abofetea.
***
Suspiro:
El suspiro de los poetas es alimento a la ruleta
cuando las caricias de la sombra sollozan pinceladas de codicia.
Tu abrazo pasó por mis venas en mosaicos de silencio
es fenómeno de luna en cuerpo infectado de miel
simbiosis de suicidas en semillas de esperanza.
Sublime:
En la tumba del miedo arrastro sus cadenas
y la luna desconoce su inmensidad al devorar espejos.
Encendiendo quimeras cantando delirios a un cardenal ausente.
Si buscara el dolor y olvidara en mañana equivalente moriría en mi centro
pero los cardos del silencio arden.
***
A mi familia:
Recuerdo la noche como una amiga comiendo alegría sobre aquellas falsedades.
Los motivos navegaban en lo inútil de la casa abofeteando el grito de un río.
Pulso el botón del pasado en la ironía del presente
que se incrusta en mis ojos como esquirla desalmada.
Mi mente dormida escucha sueños del espejo y no puedo descifrarlos sin aglutinar las noches de ahora.
Entre las fauces de esta sangre mis manos derrumban la inocencia de un reino donde nadie muere, ni siquiera mis venas, ni las voces del vacío.
En mis sueños renazco de la misma semilla pero las raíces envenenan los retoños, entonces los celos del ingenuo descubre los moretones del corazón.
Las cortinas de esta simbiosis ocultan un prospecto de seducción.
Habla mi dolor en letras calmas ante el astro que no siente,
y desembocan mis lágrimas en cascadas de indiferencia
donde se fuerza la unión de una pieza descarriada
entre yo y el umbral de la discordia.
Como el riesgo de morir cuando almohadas ajenas a mis oídos
saltan por la ventana para volar a su destino.
Esta casa de sombras se vuelve parvada de agonía
cuyos muros me persiguen, su techo me aplasta, le pido al espacio piedad
pero insiste en mis caminos un nuevo amanecer de humanidad
que terminará oscureciendo la razón de esta voluntad suicida
que busca la paja en las pupilas del estúpido ajeno
***
Posibilidad:
Enamoro tinieblas con ceguera.
Mi epidermis busca libertad pero otra oscuridad alumbra los encargos del corazón.
No es fácil olvidar el sol que ya conocemos
tampoco las posibilidades
Todo termina, y empiezo cantando memorias difuntas.
***
Praderas:
Los pecados del silencio enajenaron mi soledad
hoy me consumen cuando tiño de negro las confusiones
y descubro verdades al mirar el firmamento en otra alma que no conozco
En otras huellas espumando al sol en cólera de noche.
Aborrezco sujetarme del fuego cuando juega con mi silueta, pero si mi resplandor pereciera la suerte brillaría ante los ecos y risas de mi lumbrera.
***
Adrenalina:
Busco latidos en los poros del maíz y sus ojos plateados, silenciando voces de sed, sin el último grito en la historia de cada grano.
***
Parvada de silencio:
Los suspiros son las letras dolientes
escritas sobre epidermis de crepúsculos ciegos
es tinta de reflejo
Las noches frías con su ayer son tinieblas que censaron mi fe.
El sol se apagó con mis alucinaciones, obsequiándome un grito de pensamiento, una oportunidad.
***
Algo inesperado:
Temo ser una persona cuando no puedo ver mi palma en la ambulancia de este desierto.
***
Mi mejor amiga
Mi mejor amiga nació odiando el sabor de anís
ella controla sombras egoístas en la noche
Ella: nube de acantilado, promesa silenciosa parida del heroísmo
Es música gris de ojos sedientos y boca ciega
Así vive el pasado
En la ventosa de las sinfonistas de la memoria
Al arrancarse un cabello en verano, en todo lo que el grito no puede sanar
Se esconde en los corazones de la luna
Son las llagas del espejo: el primer beso del viento
Vive aborreciendo al depravado
Condenando los años: que son los días del suplicio
Llorando cenizas de cigarro en los pesebres del imperio
Está en la faceta de lo escrito, en la época dónde los retazos de los muros renacían de su voz
Es la simbiosis que se resiste a esconderse del sol
De todo eso que nos salpica el pasado cuando se burlan de nuestra ventana
Existe en los ojos de la sangre: amanecer en las pesadillas del suicida
Creí que me abandonaría, pero no temí que fuera bueno perderse
Si descubres que la memoria es el destino en la travesía
del pasado por la vida de los hombres, preferirías morir en la herida
Habita en todo lo que se ofrece por casualidad
que mañana no será lo común sino un silencio imaginado por psicópatas
***
Un grito en el maíz
La sombra es lo que te cobija
Contémplala que pronto desaparecerá, bebe el salvajismo de sus abismos
En la galaxia del maíz esconderás los gritos en la fisura de la memoria
Quiero conocer los ecos que anidan en su centro
sospecho que están en la raíz de esa gota de agua escondida del grifo de la locura Mientras tanto seguiré esperando al ciego que me guiara en la fosa de las lágrimas
***
Ruleta:
El sol me susurra viento de oscuridad que ha ido enterrándome sus entrañas
como bestia perdida en las pupilas del silencio.
En todo error hay una posibilidad, pero los cien años nulos me unen a su centro
No quiero beber de tu boca los mitos que zarandean lo demás
No quiero tener miedo al derribar las barreras
me turba no hacerlo: quiero ver los gestos de tus palabras cuando me exijan rendición, quiero sentir el abrazo del suspiro de tus ojos, y leer signos en la epidermis del sueño.
Anhelo no poseer nada, sólo adherir mis ventosas a tu alma.
Tal vez sean un desliz, pero no me importa equivocarme.
Pero…
La sombra del árbol sana mis ruinas
veo dentro de ella que sigo respirando
Mientras el silencio hablé sobre bosques en las remembranzas, todo estará bien. Creo que lo he logrado: la lluvia ya no es una fosa.
***
Luna nula:
Los ves todo el tiempo, pero no sientes su presencia
Aquel suspiro de pensamiento escupe los cardos maltratados
Muy lejos de ahí las voces no escuchan su lejanía.
***
Madera arrullada:
Hacen mucho ruido los mutismos ¡quiero que se callen!
Háganlo, deseo sobrevivir a lo visto
Nunca pienses, porque mañana mi emergencia será otra.
***
Negación
Un sueño que no sabía quién lo había creado se preguntaba cómo hacerle para conseguir que las personas soñaran con él para poder existir; finalmente llegó a la conclusión de que era más fácil hacer que la gente se perdiera en su interior.
Se le ocurrió la idea de crear un mundo para personas curiosas; sería un lugar como ningún otro, hecho de recuerdos y deseos. Pero para lograr que su lugar de fantasías fuera real en el alma de, por lo menos cuatro personas debería tomarlas bajo sus delirios. Encontró a cuatro doncellas, valientes, vanidosas, incluso violentas.
—Perfecto —se dijo.
Mientras la primera de ellas dormía, el sueño se encargo de mostrarle el mundo al que podía pertenecer. Cuando ella exploraba el extraordinario sitio, el sueño tomó sus más profundas ambiciones y las mezcló con lo que le estaba mostrando. Seducida por la tentación al ver que todo lo que ella siempre había deseado tener, le pidió al sueño que le permitiera ser parte de ese mundo.
—Todo tiene un precio —le dijo el sueño en su cabeza y le mostró una imagen de ella abandonado sus restos terrenales.
Ella hizo una mueca.
—No importa. Si con la muerte he de pagar, es un precio justo, estoy dispuesta a dar mi vida.
El sueño le advirtió que era un lugar peligroso y lleno de misterio. A ella no le importo. Su única petición fue que le diera una espada para protegerse de quien intentara hacerle daño.
Con la decisión tomada, la damisela jamás volvió a despertar.
Mientras ella paseaba por las fantásticas tierras encontró el temible rió de las memorias, éste le mostró el dolor de su familia por su muerte.
-Feliz y sin remordimiento, olvidó aquello y siguió regocijándose del aquel lugar de ensueño. Ahí las rosas le hablan, le contaban historias antes de dormir, y por las tardes tomaban el té.
En su mente siempre se repetía que este país era suyo, y de nadie más. Un día, cuando la luna y el sol peleaban en el cielo, la primera doncella llegó a una aldea de conejos blancos que vivían en enormes cedros. Eran tan grandes como ella, de ojos inyectados de sangre y orejas rosadas.
—¿Qué es todo esto? —se dijo.
Tomó su espada y la clavó al primer conejo. Cercenó varias cabezas y abrió varios pechos, dejando un sendero carmesí en el pasto.
Incontables fueron las pérdidas que causó. Al terminar, dio un gran bostezo, tomó la piel de una de sus víctimas y se cubrió con ella.
—Todo es mío de nuevo —susurró.
Con una sonrisa de satisfacción se quedo dormida en su propio sueño
Un crujido ensordecedor la despertó. Los árboles despegaban sus raíces del suelo, despertando de su letargo eterno. Ella intentó escapar, pero los árboles se lo impidieron. Y en condena a sus pecados atrapada entre los árboles para siempre se quedó.
El sueño, con la fuerza del primer espíritu se hizo más fuerte, por consiguiente también su creación.
Aún le faltaban tres mortales para que su mundo estuviera terminado, y mientras la primera doncella se auto destruía, la segunda ya había sido tentada de entrar; al no poder resistirse, ella también murió.
La segunda doncella tenía hermosa voz. Al entrar al sueño, sólo se alimentó de manzanas; mas pronto que cada vez que las mordía, un sin fin de notas musicales brotaban de su jugo.
Su dulce canto era sublime y gracias a él amanecía, las estrellas y los rayos solares reían felices en compañía del viento. Era tan hermoso el sonido de su voz que terminó enloqueciendo a la pobre infeliz.
La locura de la doncella cobró vida propia, pensaba y jugaba. Ya nunca estaría sola, y ahora tenía con quien cantar.
Paseando por el bosque la doncella quiso una rosa azul cortar; la rosa, maravillada de escucharla cantar le dijo que estaría con ella por siempre, con tal de oír su canto; más su locura vuelta celos, la mujer no pudo controlar, e hizo que a su huésped la rosa le brotaran espinas en el cuerpo. Su locura, al no tener otro cuerpo, también murió.
—¡Qué tragedia era estar destinado a morir! —Ante ese último pensamiento la chica se desplomó en el suelo y murió.
La tercera doncella era pequeña y bonita; nunca pensó en la existencia de un lugar tan perfecto.
Los conejos y las flores terminaron amándola por su belleza y amabilidad, y en ese mundo de ilusiones decidió vivir. Esa doncella reina se volvió. Su primer mandato fue construir un castillo en la cueva de las fantasías; la cueva era un lugar poderoso, podía conceder cualquier cosa con tal de que el soñar fueran siempre cosas agradables.
Una noche su tierna mente de pesadillas se llenó. Al no poder apartar esas imágenes, el palacio se convirtió en una mazmorra enmohecida; los sirvientes ya no eran tiernos y adorables: se había transformado en cadáveres putrefactos, y rápidamente su reino y la doncella comenzaron a zozobrar.
El sueño estaba tan desesperado por terminar su creación, que tomó una chica al azar; recolectó la ira de las pesadillas de todos los seres humanos y la combinó con su mundo, cambió la luz del sol por una oscuridad insondable y volvió a sus habitantes en bestias horripilantes, todo para terminar más rápido con su cuarta soñadora.
La cuarta chica, desconcertada al no poder soportar las terribles escenas de dolor y pena se arrancó los ojos. Atraídos por la sangre, las bestias en reposo que habitan en los sueños devoraron su cuerpo.
Luego, éste se elevó al cielo. Sus finas adherencias flotaban suavemente. El sueño contempló maravillado y conmovido su belleza, mientras el deslumbrante espíritu estallaba en miles de partículas plateadas.
—Las vidas peligrosas son las más letales —concluyó el sueño.
Bitácoras silenciosas
Con su frágil candor — equivalente a una nube en la palma— se acercó sigilosa. Lo primero que sentí fue una caída profunda, como fuego y pólvora uniéndose, así de fácil fue.
Yo gritaba, incluso juraría que mis gritos dejaron huellas en su pensamiento. No supe cómo llegó, o cuándo terminaría. Simplemente no sabía cómo abandonarme. El miedo y la negación son buenos aliados cuando necesitas aferrarte. Por eso gesté mi locura segregando toda mi fuerza; crucé la calle a la segunda estancia; muchos la llamaban “confusión”, incluso la televisión e internet se atrevían insolentemente a mofarse de aquella realidad, semejante a un viaje de dos amigos separándose por disputas, o simplemente para realizar la travesía de la vida; pero creo que eso es poco comparado con el tormento y el grito desgarrador escondido debajo de la piel que espera paciente el momento de salir.
Cansado del duelo, miré por primera vez el cuerpo tieso y pálido tendido en la cama. Personas muy cercanas, y otras desconocidas realizaban acciones incomprendidas. Sin darle más importancia logré escabullirme entre las personas sin ser notado, pues no quería distraerlos, parecían inmersos en intenso dolor, de esos que no deben ser interrumpidos. Dejé el recinto; olvidando cualquier tipo de condolencia, volví a mi trabajo de “confidente”.
Disfruté por un rato los rayos plateados de la luna, cuando un grito desgarrador me helo el cuerpo. En las sombras de un tétrico callejón una chica forcejeaba por zafarse de las manos de su acompañante. Mi primera reacción fue ayudarla: no entendía cómo era capaz aquel enclenque de hacer aquello.
No sabía si era peor presenciar un asesinato o ver cómo cada día las personas pierden el juicio. ¡Oh! Sin mencionar a los pequeños retoños que vienen después. Pero aquellos tripulantes —actualmente sin un Dios— sólo nombran el deseo según lo que les pase por la mente.
Los ojos enfebrecidos por el odio, la máscara desalmada que en esos instantes cubría su rostro se llevó la vida de la muchacha. Sus gritos ahogados: sublimes y horrorosos al mismo tiempo se clavaron a mi mente como una estaca. No podía hacer nada, no estaba en mis manos salvarla, al menos que deseara morir. Permanecí callado, tratando de fundirme con la oscuridad. Al darse cuenta de sus actos, el chico enclenque, en un ataque de histeria miraba hacia todos lados, como tratando de ubicar el mejor camino para huir; al observar los ojos del asesino se posaron un instante en mi dirección. Su rostro no reflejaba esa sorpresa de cuando se es descubierto con las manos en la masa; sin más distracciones huyó dejando el cuerpo de la chica tendido en el suelo. Le agradecí al cielo por haber salido ileso. Sin embargo, esto no había terminado: algo se deslizaba dentro del callejón, una estela de luz a penas visible. Temiendo que el asesino hubiera decidido regresar por mí, corrí despavorido.
Muchas calles adelante aligeré el paso al saberme a salvo. La culpa se apoderó de mi cuerpo desalmadamente: al menos podía llamar a la policía —pensé— acción que me ahorré al ver un par de patrullas ruidosas pasando a mí alrededor: alguien se me había adelantado.
Regresé a mi casa a la medianoche, exhausto y traumatizado.
Metí la llave en la hendidura de la puerta. Pero eso no fue lo más extraño de la noche: Al entrar, una luz proveniente de unos ojos somnolientos captaron el interés mi interés; seguí al intruso como a luciérnaga. Su luz compensaba sobradamente todas la sombras, era la más pura y hermosa.
Aquello me asustó, “tal vez esté ante la presencia de algún fantasma con ganas de llamar mi atención, tal vez sea el fantasma de la chica. ¡No! Estoy seguro de sus ganas de atormentarme por no haberla salvado”; teoría esfumada al ver con más atención: pequeñas siluetas inmersas danzaban en el centro de la luz. Todas comenzaron a llamarme, usando un poder magnético hacia mi cuerpo. Como pude, me alejé del albor y sus tripulantes bailarines, horrorizado de ser parte de aquella simbiosis vista desde adentro.
jueves, 29 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario