Crisalidas
Crisálidas emigran de mis labios
Son procesión a un exilio de discursos postergados
somos balsas de papel naufragando nuestros propios ríos
fauces maternales nos aguardan para triturarnos los huesos
y lanzar como ceniza nuestro origen
Se desnuda el misterio de cada primavera
con su orgullo de renovadas campiñas
La ausencia de una voz en afonía clama en la patria su destierro
-hueco en el vacío que abruma-
Pasaje confín donde resultan hermanos los elementos
y somos los que ocultan tras su misterio
Párpado crepuscular
Párpado crepuscular entrecerrado,
Baladro enrojecido en el cenit que algo ha parido al otro lado del ocaso
punto y seguido de unos brazos en perpetuas cosechas y labranzas.
Tras caer el telón intangible de la espera
alguien viene a musitarme la vieja historia de una luna menguante bocarriba que
deglute palomitas de maíz y llena mira al perro triste que la enamora
Sinfonías cojas de cigarra acompasan un danzón de estrellas.
Si regresaras, con cuánto gusto condenaría tu ausencia a su destierro
juntos escalaríamos descalzos las cimas ambulantes.
Pero me han acosado con el caparazón dorado de la indiscreción
se aferraron como giba a mi tintero y su matiz
se incrustan, trastornan, acribillan con su mirada ambarina que todo escucha
me trasforman en bandurria y yo me rasgueo en nocturnos azules
sobre este muestrario humano de filigranas.
Nos quedamos solos,
al fin huyeron los fantasmas de la piel dorada y atrancaron las compuertas.
Soplos de sombra y luz
Soplos de sombra y luz columpian los latidos vertiginosos de la arcilla que nos dio forma
Dormitan en el fruto que provee la espiga
arado y bestia halan los cansados siglos de la tierra
acaban y comienzan la brecha de un mismo destino
los ojos del horizonte surcan atajos al futuro que huele a pan de trigo
mazorcas de maíz danzante y en sus pies la calentura
prodigiosa de carcajadas que en pequeñas dosis
sacian los menguantes de la luna
Un santuario se edifica en torno a unas manos de mujer
que seduce en la cocina.
Algo acaba y comienza incesante como sueño en vigilia
y ceñido de laureles le rasga amaneceres a la penumbra mientras nos tendemos al sol a degustar su sombra.
La memoria
Las memorias, ancla en mano en el andén del pasado
sufren un sueño bajo rieles oxidados
Un recuerdo deambula sus chirridos, no los que lloran
sino los vagabundos en la simiente de mis vías alternas
y la historia que aún no sucede pero alguien recuerda.
Algo se va gestando
algo como precipicio de eternidad en la esperanza
como un delirar de espectros por tus pupilas
como el cansancio de una estrella fugaz acosada por tus ojos
En la perpetua muerte de un instante, la columna vertebral del cuentavías
Y sus olvidos letales, son mis recuerdos fenecidos de inanición
y yo con mi sinfín de olvidos por estrenar
y yo cansado por los caminos con sus huellas
y yo hablando adorno su boca, como la dama de la esquina que ha embelesado mis penumbras
en el centro de un punto y aparte prosódico
celestina que conspira clandestinos arrumacos días y noches
estruendo enloquecido que reencarna en sinfonía
Pecado anterior que maldice su anonimato porque nadie lo conoce
Nadie sabe de sus santos ni demonios
Ni que engendraron artificios en el seno de la arcilla
Ni del sustento de nuestras formas en la memoria,
ancla en mano en el andén del pasado.
Intentamos confundir nuestro destino
pero al final del cuento humano somos convocados
bajo el mismo nombre del origen.
Marionetas confundidas en un tren de polvaredas y guiñapos
todo lo pendiente por decir escondió los cordeles del titiritero.
jueves, 29 de abril de 2010
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