Bar en el horizonte
Cuentan los dioses y las diosas que cuando la Tierra era niña, la joven Noche vio por vez primera al galante Febo. La noche no pudo resistir esa mirada de fuego que entibiaba su oscuridad. Y Él, a su vez, no pudo resistir el lúgubre enigma de esos ojos oscuros, penetrantes.
La chispa se encendió entre el par de enamorados. Los rayos incandescentes del astro- soberano envolvieron a la bella Oscuridad en una lujuria incontrolable. La noche desanudó su manto negro dejándolo deslizar por su piel morena y llena de placer, en forma de esfera, se fusionó con el corazón ardiente del Sol…
El padre Cielo se enteró de la unión gracias a Mercurio, quien pregonaba en todo el orbe que Noche estaba embarazada. Que cargaba en su vientre un fruto solar. La furia del firmamento desató una tormenta eléctrica, pues no quería ver a su ensombrecida hija más triste de lo que casi siempre estaba.
Como el patriarca celestial era partidario de la justicia, buscó al Sol para hablar seriamente con él. Y éste, con toda nobleza, pidió al Cielo la mano de su hija Noche. Una acción brillante para el beneplácito de su futuro suegro, quien en el azul de su corazón deseaba un nieto, pero jamás pensó que tal regalo viniera de la más triste de sus hijas y el más radiante de los astros.
Después de un matrimonio universal celebrado en el salón “La Eternidad”, los recién casados con ansia esperaban el nacimiento de su primogénito.
Después del nacimiento de su hija, fue difícil para el Sol y
Nunca se sabía qué esperar de Luna: a veces solitaria, otras veces radiante y otras tantas misteriosa. Lo cual despertó desvelo en su nocherniega madre, quien siempre estaba presta para consolar a su lunática hija; sin embargo, ésta no dejaba de mostrar melancolía y ausencia en su mirada.
Cierta vez, Luna se sumergió en una honda depresión. Se encerró en su “cuarto” sin deseos de nada, ni de alimentarse. Deseaba “menguar” su luz hasta desaparecer. Su madre, asustada, no sabía qué hacer, y fue ésta la primera vez que buscó al Sol en su trabajo, provocando un tremendo eclipse…
Noche encontró a Sol en su hora de descanso. Oculto tras las nubes, se fumaba un cigarrillo con su amigo Marte. “Tenemos que hablar”, exclamó la apesadumbrada Noche dirigiéndose a su marido. Mientras que con lágrimas le relataba lo sucedido, su amado Febo la escuchaba atentamente.
Después de mucho dialogar, al Astro Rey le surgió una idea luminosa.La maternal sombra regresó a casa llena de júbilo y tocó a la puerta de su hija con la firme convicción de tener la solución para la melancolía lunar: Le propuso que ambas pusieran un negocio, su magnánimo padre apoyaba la idea.
Quien sabe con que artilugios logró
Se convirtió en un punto de reunión de miles de estrellas, las cuales acudían a titilar. Meteoritos de los cuatro rumbos del universo iban a buscar un poco de diversión. La banda “Puntos Cardinales” amenizaba siempre la convivencia astral. Tocaban melodías como “La brújula” y “Oriéntame”, las cuales pronto se convirtieron en grandes éxitos.
El mar era uno de los clientes “VIP”. A veces era divertido, pero en ocasiones tomaba demasiado “Tibu Ron”y se le subía la marea, entonces causaba tremendo alboroto. Luna se veía a obligada a llamar a Neptuno para que se lo llevara a descansar.
Y bueno, es en este antro donde Amor y Razón se conocieron. Ojalá este encuentro hubiera sido mas romántico que el del Sol y
Resulta que Razón siendo mucho mayor en edad que Amor, nunca salía a divertirse, prefería quedarse en su casa gris leyendo y practicando las Bellas Artes. Para nada le interesaba bailar o embriagarse. Cosas a su parecer demasiado absurdas y fútiles.
En cambio Amor, era un adolescente encantador, curioso, aventurero, siempre en busca de novedades.
Fue un momento extraño, de esos fabricados por el azar, en que
La reflexiva Razón estaba sentada frente a la barra en un banquito de birlocha. Las estrellas fugaces bailaban. La música ensordecía los oídos de Razón, quien se sintió tan agobiada por la muchedumbre y decidió beber para calmarse. Ordenó una “Idea en
Nuestra amiga Razón, de lentes y cabello relamido le daba sorbos a la bebida haciendo gestos al degustar el sabor. Quizás estaba tratando de descubrir cada uno de los ingredientes del brebaje. Se preguntaba cómo y por qué se había animado a ir a ese antro de mala muerte por demás caótico, absurdo e insoportablemente ruidoso.
En ese instante, sus pensamientos fueron interrumpidos de manera abrupta por los gritos de un torpe mozalbete que pedía al barman una copa de “Damiana”. El fulano al caercarse a la barra, accidentalmente dio un puntapié a
El alegre mozo dijo: “Pido disculpas, bella dama”, pero
A estas alturas ella echaba lumbre del coraje, pero el mareado Amor interpretó sus gestos como señales de conquista. Seguro esa mujer le coqueteaba, pensó. No le extrañaba, pues siempre causaba ese efecto. Así que pese a los rudos argumentos de
Se sentó junto a ella a conversar. Viendo las circunstancias,
Ella siempre media las cosas, sabia hasta donde dejar de tomar. Pero esta vez estaba sedienta y padecía una sequedad en la garganta a causa de dialogar con quienes la solicitaran; además estaba de mal humor.
Unas copitas después, el Amor era su amigo, su hermano, su padre y hasta su madre, pues en verdad era apuesto aquél mozuelo llamado Amor. Ambos decidieron ir a la pista, donde bailaron y hasta cantaron karaoke. Mas aquí entre nosotros,
El par de hermosos jóvenes caminaban entre luces tomados de la mano cuando salieron de “Horizonte” y se dirigieron a casa de Amor. Fue lo único que recordaba la lógica muchacha de lentes y pelo relamido cuando fue atropellada por la luz del día. Una cefalea chapoteaba en su cerebro disolviendo su mirada. Fuego recorrió sus venas al ver que llegaba el Amor con el desayuno preparado. Entonces ella se supo desnuda en el lecho del atrevido muchacho.
Se levantó del tálamo, pero antes tuvo que romper cadenas que la ataban a la almohada. Con la mayor frialdad del mundo y agarrándose la cabeza gritaba que había sido un error; entonces salió huyendo por la ventana, jurando no mencionar jamás el asqueroso incidente.
Al principio ella y su hijo vivían en Orion, todo era dicha para ella y su hijo. Pero al pasar el tiempo el hombre comenzó a hacer preguntas acerca de su padre. Ella respondía con evasivas, con sarcasmo, con dudas; mas tarde o temprano, Hombre sintió imperante necesidad de conocer su origen. La práctica madre lo reprendía fuertemente, pues nunca le diría quién era su padre. Sin querer, cada vez más entristecía a su hijo, quien anidaba un enorme vacío en el corazón.
Cierta vez Hombre salió a caminar para despejar la melancolía que le enfermaba. En su jornada decidió descansar en
Noche, silente, observaba lo ocurrido. Sintió compasión en lo más oscuro de sus entrañas. Por lo que le pidió a su hija Luna que iluminara al hombre para que pudiera ver a la Sra. Sabiduría, quien en forma de búho pasaba detrás de él. Fue ella quien con sus grandes alas lo cobijó, confesándole que su padre se llamaba Amor y estaba esperándolo con los brazos abiertos. Y él también anhelaba encontrarse con su hijo.
En ese instante un enviado de su madre
La sabiduría intentó convencer a Hombre de que ambos podían ser amados por igual, aunque al adoptarlos conjuntamente parezca surgir el caos, finalmente los padres bendicen a su hijo por igual.
Pero el hombre no escuchaba a Sabiduría, el miedo de perder a su madre logró que el Hombre dejara de buscar a su padre. Pero Luna decidió ayudar a Hombre; nadie como ella entendía de soledad. Luna sin su padre Sol, sólo seria una roca gris con agujeros; tal como el hombre sentía los huesos.
La pálida dama mandó un rayo que, al tocar la tierra, se convirtió en un alcatraz. De sus pétalos surgió una ninfa por nombre Mujer, con la misión de iluminar el camino de Hombre en su encuentro con Amor. Una epifanía de cabellos largos para el hijo de
¡Ay olvido! ¿Por que también
Mujer, ¿Qué no sabes que tienes la fuerza del abuelo Sol? El Amor es tu aliado, es a él a quien debes respeto.
Hombre, ¿Acaso olvidaste que tu padre es Amor y Razón te hereda el poder, mas no la fuerza?
Quizá por eso en noches de mucha aflicción, cuando el vacío se torna insufrible. Hombre y Mujer alzan sus rostros y con ojos llorosos contemplan a Luna. Le cantan, le hacen poemas, como buscando una oscura verdad.
Imploramos al destino que interceda para que la hija Luna y el hijo de
Sólo habrá hijos felices cuando honren a sus Padres. Que el hombre se reconozca como Amor y
No hay comentarios:
Publicar un comentario