jueves, 29 de abril de 2010

Daniela Sánchez González

Melodía submarina.


Margot, nombre de la bella señorita con un final no precisamente digno de llamarse “feliz”. Una dulce quinceañera cuyos ojos parecían haber sido cambiados por turquesas, además poseía una piel blanca y tersa, y su cabello negro y largo caía en unos delicados rizos.
Era otoño, y las hojas de los arboles tapizaban el piso y lo hacían ver con matices cálidos. Margot se internaba cada vez más en el bosque con la intención de llegar al río, y ahí sentarse a leer poesía. Iba acompañada de su perro, un lindo cachorrito blanco como la nieve, y caminaba tranquilamente tarareando hermosas melodías. Las hojas gemían al ser destruidas a su paso.
Cuando por fin llegó a su destino y vio que su perro caminaba de regreso a casa, se sentó junto al agua, y comenzó a leer acompañada solamente de su sombra, o al menos eso creía. Un par de ojos en los cuales la malicia estaba en su auge la observaban con atención escondidos por las hojas de un arbusto.
La lectura terminó, y Margot se disponía a levantarse cuando escuchó una voz seca y astuta dirigiéndose a ella.
-Pero qué hace sola una niña tan joven en este boque- inquirió el niño con cabellos de rayos de sol.
-Yo vengo a leer aquí seguido, ¿y tú quien eres?- preguntó Margot desconfiada.
-Mi nombre es Daniel, y sólo soy un muchacho que está a tus servicios- contestó el l extraño con una reverencia llena de gracia, dejando así al descubierto sus buenos modales, y con ello ganó la impresión de Margot.
-Bueno muchas gracias, eres muy amable- afirmó la joven.
-¿Quieres dar un paseo conmigo por el bosque?, vamos, cuando terminemos te acompañare a tu casa si gustas, para así cuidarte del peligro-propuso Daniel con ternura.
-Está bien, suena divertido- expresó la niña.

Al caminar Margot descubrió en aquél joven a una persona muy inteligente, elegante y caballerosa. Lo único que veía en Daniel eran cualidades. Se enamoró en poco tiempo y sus palabras le parecían la más bella música.
Todo hubiera sido como en un cuento de hadas, pero el chasquido de los dedos de Daniel fue el comienzo de la tragedia de Margot, porque cuando esto sucedió el joven tomó su verdadera forma: la de un Pulkri. Si no sabes qué es un Pulkri, sólo puedo decirte que es una especie de duende, el cual originalmente tiene rosas con un perfume hermoso en la cabeza, y en ocasiones otras flores brotan en vez de su cabello. Pero como este Pulkri había sido exiliado, su cabello se había repudiado ante la tristeza, y cobrado así apariencia de moho.
-Lo siento Margot, pero me veo en la penosa necesidad de raptarte.- expresó el feo ser.
-Pero, qué rayos eres- preguntó Margot.
El Pulkri no contestó nada, y tan veloz como un leopardo logró sacar un costal y meter en él a Margot, quien no dejaba de gritar pidiendo auxilio, unos gritos vanos porque ya estaban muy adentro del bosque y nadie pasaba por ahí.
El Pulkri caminó un largo tramo, tan prolongado fue el camino que la noche lo envolvió cuando llegó a su hogar: una cueva oscura, húmeda y con un piso mullido.
La horrible criatura sólo había capturado a Margot porque estaba en deuda con un sátiro, con el cual tenía una deuda, consistente en un a valiosa flauta que el Pulkri l había perdido, y de no regresársela lo mataría. El Pulkri era de manos torpes y jamás pudo fabricar una flauta igual; por eso recurrió a la magia. Pero para poder hacer una flauta por medios sobrenaturales, debía ser construida a base del alma de un ser humano, que se encontraba en el núcleo del corazón. Y era la razón por la que ahora afilaba el hacha, y se dirigía hacia Margot con intenciones terribles.
Un suspiro cálido fue el último indicador de la agonía de Margot; después el filo del hacha la atravesó. Esa misma noche el malicioso ser logró obtener la flauta más bella, la cual producía un sonido igual a voces angelicales que despedían los colores del arcoíris. Ese canto de colores era el único recuerdo de Margot.
Al día siguiente el Pulkri entregó la flauta al sátiro y un apretón de manos entre ambas criaturas indicó el fin de la deuda.
Esa misma noche el Pulkri salió a recoger leña y se encontró con una desagradable sorpresa: el sátiro estaba ahí con una lanza, una guitarra y un semblante feroz.
-¿Me tomas por tonto? Pues no lo soy, es muy lógico, una flauta y una guitarra no son lo mismo- dijo el sátiro muy enojado.
-¿De que me hablas?- inquirió el Pulkri ignorante de los hechos.
-Esta cosa a la que vilmente te has dignado llamar flauta se convierte en guitarra antes del crepúsculo -respondió el sátiro.
-No entiendo, seguí bien las instrucciones, esto no debería estar pasando. Dame tiempo y te daré otra flauta bien hecha -prometió el Pulkri.
-Si te vuelves a burlar de mí te pasó esta lanza por el cuello, y dile adiós a tu despreciable vida. No te quiero volver a ver por aquí hasta traerme una verdadera flauta -sentenció el sátiro.
-Así será señor.- prometió el Pulkri con voz temblorosa.

El sátiro esperó hasta ver alejarse al Pulkri. Entonces lo siguió a su casa para cerciorarse de que cumpliera lo acordado. Por el camino pasó por el mismo río donde Margot se sentaba a leer poesía; sin pensarlo dos veces el sátiro dejó caer el instrumento dentro de las aguas del ríos, más este quedó atorado en la orilla entre unas rocas.
Antes del crepúsculo la flauta va tomando forma de guitarra, y al cabo de unas horas la silueta del instrumento de cuerdas se parece cada vez más al cuerpo de una joven alguna vez llamada Margot, pero seguramente si ahora alguien le pregunta su nombre dirá también el nombre de su asesino y ladrón de su perro, el cual rondando por el río todos los días de la eternidad, antes de ponerse el sol, y durante toda la noche, ladra melódicamente en dirección al río, de donde proviene una música hermosa acompañante del canto de la mascota.
Cuidado, el Pulkri aun no hace su flauta, y si alguna vez vas al bosque y sientes un par de ojos observándote, es mejor que huyas porque tener al Pulkri detrás es igual a tener la muerte esperándote en tu casa.

No llores estrella


Desiré estaba escondida detrás de los árboles frondosos del bosque, situado alrededor de su castillo, y la oscuridad era otro factor de ayuda para que ella lograra pasar desapercibida. El motivo de estar oculta era la rutina de cada domingo por la noche: espiar a David, un jovencito de rasgos finos, cabello negro lacio y ojos bañados en el misterio. Desiré estaba enamorada de aquel muchacho, pero sufría porque no era correspondida. Sin embargo, llevaba dos años espiándolo al joven y en ocasiones lo había escuchado hablar solo, por lo menos fue la impresión de Desiré al presenciar a David en el medio del bosque sentado, hablando, aparentemente con nadie. Con los años la sabiduría acompañó a Desiré respecto al comportamiento del joven quien fue creciendo. Así, un día comprendió lo siguiente: David no era afín a entablar conversaciones consigo mismo; la conversación amorosa y tierna en aparente soledad, iba tenían como destinataria a la bella durmiente del cielo, “la brillante luna” cuya belleza no era opacada ni por la estrella más brillante. Desiré tuvo celos de la luna y la llegó a sentirla su rival, pues le había ganado la atención de los ojos más nobles del mundo. El ansia despertada en Desiré por la indiferencia de David se fue haciendo insoportable, y el comportamiento de la enamorada se tornó depresivo; sus padres no tenían idea de qué estaba pasando con ella. Lamentablemente Mara, el hada residente del bosque, estaba enterada de las penas de Desiré, pues se encargaba de seguir a la joven cuando esta se disponía a espiar a David. Mara no precisamente tenía un buen corazón, y como ya llevaba varios siglos viviendo en la tierra, le encantaba mofarse de las tonterías que los humanos hacían al estar bajo la magia de Cupido.
Un domingo, después de que Desiré ya no estaba vigilando al joven, Mara se acercó sigilosamente hacia David.
-¿Qué tanto le ves a la luna? –preguntó el hada con voz seductora.
-¡Por Dios! Hubiera jurado la inexistencia de la hadas, pero en adelante ya no podré llamar mito a las cosas dichas por la gente acerca de criaturas mágicas, a menos que quiera convertirme en un mentiroso.- gritó David muy emocionado.
-Humanos tontos, ninguno es capaz de creer en cosas hasta haberlas visto. Bueno, no importa, pero por favor responde mi pregunta acerca de tu amor por la luna -insistió Mara.
-Simplemente me encanta, pero no tengo una razón específica para observarla tanto. Tal vez es el misterio emitido por su luz lo que me tiene como bajo un hechizo. Deseo con todo mi corazón poder subir a ella y apreciarla de cerca -afirmó el niño con la mirada perdida en el cielo.
-Pues tu deseo no es tan ilógico; de hecho tengo una fórmula para logar tu ilusión…
-Te lo ruego, dímela -pidió David ansioso.
-Pero implica hacer algo malo, por eso no creo que seas capaz de cumplir con la tarea necesaria para lograr tu cometido -advirtió el hada fingiendo una voz de resignación.
-Vamos, nada que me lleve a la luna puede ser tan malo como dices
-expresó David.
-Está bien, te lo diré: para ir a la luna es necesario construir unas escaleras…-
-Suena fácil -interrumpió David.
-Créeme, fabricar unas escaleras tan largas como para llevarte al cielo no es sencillo, pero lo será si esas escaleras se construyen usando la magia, yo te ayudaré con las cuestiones en donde ésta sea necesaria, pero ciertos materiales son indispensables, y tú me los habrás de proporcionar -explicó Mara.
-Sólo indícame cuáles cosas necesitas y te las daré -prometió David.
-Debes recolectar lágrimas amorosas aquí -dijo el hada mostrándole al joven un frasco transparente.
-¿Cómo? ¿Lágrimas amorosas? -inquirió David con un gesto de extrañeza.
-Así es. En otras palabras, haz llorar a la princesa del castillo en donde vives: a Desiré. Ella está enamorada de ti, por si no te habías dado cuenta
-aclaró Mara.
-Pero, Desiré es mi amiga, y no sé si puedo hacerle eso -dijo David indeciso.
-Pues la escalera hacia la luna sólo se hace con lágrimas de amor. Deberás elegir entre Desiré y la Luna. Si recolectas las gotas de tristeza, tráemelas y te ayudaré para lograr tu deseo.
Esas fueron las últimas palabras dichas por el hada, dejando en David un sentimiento de temor, culpa y ambición. Aunque al principio al joven le pareció difícil decidir qué hacer, en el transcurso del camino del bosque hacia el castillo, se dijo a si mismo “no puedo desaprovechar esta oportunidad”.
Durante los días siguientes, David estuvo hablando mucho con Desiré, y ya no lo hacía solamente en tono amistoso, ahora tenía intenciones amorosas. Casi todos los días el joven confesaba su amor a la dama, y le decía cuán maravillosa era; ella sólo le respondía con besos inocentes en sus suaves mejillas.
Toda la semana fue fantástica para Desiré, pero al llegar la noche del domingo en el bosque, el desalmado de David desmintió todo lo dicho respecto al supuesto amor que sentía por ella. La princesa sintió un mar desbordándose por sus ojos, los cuales dijeron al joven cuán malo era, y después Desiré le dio la espalda y corrió a su habitación.
Cuando David dejó de escuchar los pasos y gemidos de la desdichada, se agachó al piso lentamente y recogió una a una las lágrimas más cristalinas de Desiré; además eran puras e inocentes. Se aseguró de no dejar ninguna, y las metió en el frasco facilitado para ello. Esperó unos minutos; de pronto escuchó la voz maliciosa del hada.
-Lo hiciste. Ya tenemos los materiales; ahora yo me encargo del resto
-dijo Mara al tiempo que arrebataba el frasco a David.
El hada alzó las manos intentando acariciar el cielo y mojó sus manos con las lágrimas. A continuación se sacudió las gotitas, y fue entonces cuando los escalones aparecieron poco a poco. Parecían hechos de cristal, y la luz lunar se reflejaba en ellos.
David no podía despegar la mirada de aquella maravillosa escalera; sintió un extraño escalofrío y fue esto el que lo impulsó a subir. Tardó un tiempo desconocido en llegar a su destino. Una vez allí, se decepcionó, pues descubrió una luna con luz impropia arrebatada al sol. El sol era hermoso, y estaba muy cerca, un salto bastaría para llegar a aquel astro. David no se resistió y saltó. No sintió la más mínima quemadura, pero hasta ahora se arrepiente de haber saltado, pues desde entonces no ha vuelto a su hogar. El niño se pregunta por qué tiene la sensación de no poseer cuerpo, de brillar demasiado, y de estar suspendido en un oscuro universo alejado de la tierra, y siendo ignorado por todos con los que intenta hablar. Han pasado muchos siglos desde que David vio a Desiré por última vez con la cabeza apoyada en la ventana de su castillo buscando algo en el cielo. Él se pasa el tiempo reflexionando el porqué, cuando observa a la princesa, ella también lo mira y le pide que le ayude a recuperar a su amado, que lo busque en la tierra con su brillante luz. David sólo se concreta a llorar por esa joven de la que en realidad, siempre estuvo enamorado.


Ejecución reflejada


Voltea desde el cielo mi mano
y percibe los gritos de tu malicia volando al precipicio,
que con sangre pintaste en la aurora
Tu alma ya no danza al ritmo de la verdad.

Las montañas durmientes en el firmamento
se alteran al acariciar el réquiem de mis cabellos,
presagio de que serás verdugo de mi sombra
flor que absorbe las estrellas de mi sonrisa

Hacías cosquillas al horizonte con gotas de rocío
Ahora sólo esculpes tu dolor
Escapó la plata y oro que germinaba en tu desconsuelo
haciendo visible el musgo que murmura en tus pestañas

Eres recuerdo de besos escuchando deseos en la piel,
de perlas saltando encima de tu pupila,
de corazones vislumbrando el atardecer,
de mi color que se evapore hacia la oscuridad

Ahora mis cenizas sollozan desbordantes de tibieza,
sobre mis ojos duermen las arrugas del amor,
me derrito encima de las rosas de aquel invierno,
Y mis lágrimas escurren por la falda de la montaña
que conoció nuestro amor

A tu mirada corren escalofríos
el reflector de tu alma se resiste a tu presencia
y tu propia luz te corta con su filo
porque en tu interior se esculpen telarañas de sangre


Tu boca dibujó en mi frente cuadros engañosos
y sentí el sol como mi jinete verdugo
Pero dos alas de oro serán regaladas a la paz
Y seré piedra brillante recitando versos en el cielo.

Brotará con plumas un camino entre las aguas,
Los colores van a especular sobre las hojas,
Y veré el mar desbordándose hacia al cielo
cuando la música regrese para envolver mi sonrisa.

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