jueves, 24 de junio de 2010
Leticia Salazar Castañeda
Trigo de Pentecostés
Baluarte para los ojos del guerrero
Argamasa seréis para mi espíritu desposeído.
Yo era universal y justo Universo cuando
andábale buscando manantiales a mi eternidad.
Sólo yo podía mudar las leyes de la criatura la semilla y la montaña
Y he aquí que decidí diluviar la tierra para
hacer morir toda carne donde habitase un espíritu bajo el cielo.
Urdí vuestra hecatombe como si del firmamento naciese agua y
empujare sobre el mundo para sembrar en él toda criatura con alma.
-salvo los hijos de Set-
Y la muerte estalló en opulencia cual sinfonía de lamentos.
Y yo movido por vuestra pasión sangrienta
he repetido en el tiempo la conseja despreciable a mis deseos.
Inútil la expiación de supliciados que por aquí han arribado.
Baldía la sangre coagulada por vándalos contra la intención de mi Eco.
-Sé que os aturdo con mi verdad inmutable-
Mas en vano revienta la tierra cual material de señales para vuestro cerebro de humano.
¡Hijos del Universo!
Alzad vuestra humanidad hasta los ojos para la transfiguración eterna.
Soy la desconfianza necesaria a vuestra vida
-para que el deseo no se os esfume a los océanos-
¡Oh Moisés! Hablad a los hijos de Israel y decidles que espero la primera siega
-la siembra en el mes primero de la solemnidad y el Holocausto-
¡Espíritus debajo de los cielos!
Yo me presento con la espada de uno por cada ejército a fin de saciar la sed
de vuestros instintos.
La furia de vuestros arrabales es necesaria a la existencia
Vuestra pasión belicosa os mantiene vivos.
Y me hago beber sangre de mortales para que perezcáis salvos
-a tiempo de renacer-
Soy el agua cierta para seguir la ruta
Soy vuestro comienzo con inquietud y vuestro final con melancolía.
Soy prisma calidoscopio no perfecto ni perfectible
Soy la gradería abismada en vuestro interior para llevar luz a vuestras entrañas
Éter que se transforma en cada uno de vosotros
-y en cada uno de vosotros éter soy-
Soy eterno mutante en vuestra definición de sueño y realidad
Desgracia y ventura insostenibles en sí mismas
Soy contráctil y extensión infinitas en vuestra ideología
Granulante y polvo en la morosidad y resolución del tiempo
El infiernillo de vuestro hogar y vuestra gloria eterna
Cansancio profiláctico y energía anticipada.
¡Soy el filo y la sal sobre la llaga!
¡La caricia en vuestro corazón!
¡Todo es como debiera ser!
¿Creéis acaso que fuisteis nacidos para mi
voluntad y mi sandez?
¡Sois causa de la fatalidad y vuestro destino Cósmico..!
Sois el potencial que echa a andar el pensamiento de la eternidad
¡Bienaventurados los que atrapan su grano en mi bastedad infinita
Elegidos serán los hacedores de la siega y la libertad de vuestras hazañas
Ellos serán salvos en mi Reino…
Bienamados aquellos que comprenden el "sentido" de mi encomienda
Los que interpretaron la ley interior igual que la exterior pero una octava más alta.
Estos son los llamados a la cosecha
Los demás son siervos que labran la tierra con la vista inclinada.
¡Ah! mis amados golem…
Krishnas Budas y Mahomas llegaréis a ser para redimir la existencia de
mis hijos predilectos.
¡Ni la renuncia ni la exigencia ni la duda os salvarán del dolor en la tierra!
Sólo siendo ángel que se anticipa a la causalidad universal podéis libraos de vivir mortales.
¡Apartaos de la existencia ordinaria y seréis incluidos en mis huestes!
Vos sois sibaritas sobre los valles
Sois gozosos en el mercado y la comunidad inútil a vuestro razonamiento.
Enfermos de deseos y opulencia jamás podéis reíros con esa mirada ciega.
Sólo cual profeta sabréis descubrir lo noble de lo verdadero
-el amor y la noche no siempre se llevan bien-
Obsequio a los que dicen “es preciso”
A quienes comprenden la vida en la semilla de filosofía y han enraizado ese árbol en su carne.
A todos cuya abundancia es una geografía de indagación sobre su esencia
Y sufren la riqueza del conocimiento tatuado con filos en la frente.
Amo a quienes la sabiduría les distingue de la comunidad anclada en su deleite de samaritanos.
Amo a madres he hijos que comparten su lecho con vencedores y vencidos
A los pensantes que aceptan la tragedia para la que han venido.
Amo a todo rebaño aterrado por mi trueno mas no queriendo morir se divierte engendrando los héroes que inducirán el gran estallido.
Vos no conocéis a quienes os engañan pero temen que algún día se encuentren vuestros rostros con sus máscaras alevosas
Como aquel supliciado con espinas que por aquí
anduvo destronando a los falsos reyes y profetas.
El terror es la peor verdad al corolario
jamás te llames feliz hasta la hora de tu muerte
-será la hora cumbre de tu vida-
Sed pacientes…
En verdad os digo que vendrá el renacimiento del ave y el semidiós
Llegará el ángel venturoso que os librará de la estirpe condenada por los brazos
En verdad os digo que sanarán vuestras heridas de mortales.
¡Hijos del Universo!
¡Todo es como debiera ser!
¡La verdad separada del mal no es verdadera!
¡Nadie puede haceros daño!
Vuestra única misión es salvaros de vosotros mismos y entonces venid a mi gloria… -para afincaros en mi eternidad-
En verdad os digo que el universo tiene su eje
¡Ese gozne es cada uno de vosotros!
Presentacion de los alumnos creadores.
lunes, 3 de mayo de 2010
Xochitlketzali
“Me acuerdo de sus ojos magenta, de sus manos llanas, de sus piernas de algodón.
Tenia los ojos llenos de dudas, cuando lo miraba lentamente, cuando le hacia el amor…
Y las manos, eran pedacitos de cielo virgen para un pecador como yo…
Y temblequeaba entre mis labios, cuando sosegado, regalaba esa estadía casi perpetua de su miembro en mi boca…”
Noté el tintineo en sus muñecas cautivas, conjuntas al consumo del sorbo de café, disgustándolo pausadamente, como si la leche fuera de otra clase, lo miré bajo mis lentes, tratando de sustraer una realidad palpable.
- ¿No se siente arrepentido? – le pregunté
Sonrió ironizado.
“Me miraba con sus ojillos servíos, y sumiso traía hasta mí las suaves sábanas con las que ataba sus manos; era una delirio el morarlo, con sus pequeños shorts y ese enorme delantal lavando los platos…
Me enloquecía mirarlo.
A veces me descubría y esbozaba una sonrisa inocente… fue ahí cuando lo descubrí en el reflejo de la sartén recién lavada, cómo hacia para provocarme, su sonrisa casi maligna en un niño de doce años.
Me había tomado el pelo todos esos años, cuando restregaba sus nalguitas desnudas sobre la tela de mi entrepierna, y sus risillas infantiles, casi nerviosas, al escuchar el sonido de mi saliva irrumpiendo por la manzana de Adán, al secarlo con la toalla.
Y me figuraba que su madre mentía, cuando decía que “de tal padre tal hijo”.
Ella las había encontrado…”
Hizo una larga pausa y me miró a los ojos, tomó su taza de café, lentamente, como quien no tiene mayor cosa que hacer. Le observé detenidamente buscando un mínimo de duda en sus ojos, el brillo de la tarde se reflejo en ellos, filtrándose entre los barrotes de la ventana de la celda.
“…Cuando éramos novios – sonrió a sus adentros –mis revistas con hombres desnudos las ocultaba ese afiche con el hombre erecto traspasándose en látex, oculto con la carrocería alemana…
Aún así, se casó conmigo…
Creí que no lo sabía, que su inocencia la había llevado al matrimonio, que tomaba en serio su anillo de pureza, que entendía por qué había conservado el mío…
Al principio… - y sus ojos se disiparon por la ventana, en el ave que graznaba al momento - pero nadie es tan pulcro…. –sonrió nuevamente– finalmente tuvimos que hacerlo, el llamado a Paris, con la cigüeña en turno, para acallar las voces, para resoplar los regaños…
Fingimos que era la primera vez, la primera vez que ella recibía un varón, la primera vez que yo me acostaba con alguien.
Fue así de raro, así de sinuoso el asunto, terminó cuando eyaculé dentro de ella, con su ‘bájate’…
Tuvimos suerte –sonrió de nuevo– ella encargó con la primera eyaculada, ¡hasta pensé que no era mío!
Pero, al tenerlo por primera vez en los brazos, supe que estaría enteramente enamorado de ese pedacito de cielo”.
-Que lo amaría -repliqué
Sonrió sin prisa y miró el fondo de la taza, luego a mí. Levantó la mano al hombre en la puerta enrejada, éste se apresuró a servir más café.
- Para mi sólo agua, gracias. –Completé
Y quedé pensando, sus motivos, sus razones, las necesidades de un pecado tan aberrante.
Miró el café, como no queriendo la cosa, y lo sopló, esperando que el vapor se despejara un poco, agregó un tanto más de azúcar, mas no porque la necesitara.
“Es irrelevante preocuparse por la diabetes –respondió a mi mirada inquisidora- Ella se fue un día, sin avisar, sin explicación alguna.
-Continuó- Llegaba yo tarde del trabajo, las luces apagadas y el olor vacuo era cotidiano en el hogar. La llamada me alertó, el niño seguía en la escuela.
Al llegar por él tenia el ojo morado, fue un desgarrarme el alma; enfurecido, trate de abrazarlo, pero la quejosa mujer lo impidió…
Algo de suspenderlo…
Supongo que ahí fue el comienzo. -y sus ojos parecían inmersos en el pasado- La primera vez que restregó su cuerpecito y me mintió descaradamente.
Lo supe, siempre lo supe, que había sido él, pero quise creerle, fingir que todo estaba bien, que se le pasaría, que es el daño emocional…
Durante cuatro años, aguantando, sosegando mi necesidad impetuosa de saltarle encima…
Alguna vez lo intenté, -dijo como adivinándome el pensamiento– Salí con una mujer o dos para conseguirle una madre, para regalarle un hogar, pero él me lo impidió, ‘solos estamos nosotros mejor’ me dijo…
Me dejó desarmado…
Recuerdo que se bañaba desnudo en la alberquita de plástico sobre la hierba del jardín posterior, y movía su trasero como abejita zumbando mientras yo lo devoraba con la mirada, y disimulaba con el cigarro en los labios…
Ahora entiendo que era intencionado, que sabía cómo incitar, cómo provocar mi libido acumulada…
Al principio no lo percibí, cómo suspicazmente me impidió visitas, ver o follar a personas aparte de él…
Supongo que era más fácil…
Lo tenía todo de primera mano, el par de veces que salí, con el pretexto del miedo o la niñera malvada…
Lo tenía metido por los ojos…
Aún puedo vislumbrarlo, su piel de terciopelo blanquecino, sus ojillos llorosos cuando me pedía que entrara en él…
Era una masa aguada en sus manos…
Tanto en la cama como en la economía…
Siempre este juguete nuevo, siempre aquel viaje extra…
Siempre que pudiera tenerle, no me interesaba nada más en la vida…
Y entonces aparecieron, esa gente chismosa y metida que a nadie gusta. Se empezó a hacer difícil disimular cuando se me restregaba por el cuerpo antes de abrir la puerta.
Fue cuando nos mudamos, gente desconocida que nada le importa: la cuidad.
Colegios privados donde el cheque vale más que el niño.
Mis ojos ya estaba sosegados y mi voluntad en jirones, poseerlo era cosa de todo y follarle mi existencia…
No lo noté…-Y su voz se fue haciendo un murmullo- No me fijé en qué momento se me escapó de las manos, hasta que era demasiado tarde…
Sus ojitos ya poseían los de otros…
Le aguanté por un tiempo que sus nalguitas se restregaran sigilosas sobre otras manos, sobre otros hombres…”
Y entonces calló; sus ojos se humedecieron y su rostro un dejo de tristeza casi apacible. Se escucharon los murmullos, la gente y el acomodar de sillas. El paso casi indecoroso del tiempo.
El llamado de la puerta, el sonido de la cadena en cada uno de sus pasos al cadalso; la inyección letal.
Al salir, me pregunté qué podía haberle pasado, cómo había llegado a esos extremos; mientras pensaba, la lluvia caía sobre mis hombros. Entonces los ojos magenta alcanzaron mis pasos, refugiándose sin miramientos bajo mi saco.
- ¿Tu siempre me cuidaras, verdad..? – musito tentador
Fue ahí cuando lo descubrí…
jueves, 29 de abril de 2010
Federico Chacón
Fueron los claveles de vino amargo empotrados en mi mente
fueron las cartas destellantes sobre aquel fatuo cigarro
fue aquella mano suavizante recogiendo el destino
repartiendo sueños muertos en las caras de los dioses
subí mi juego para ver dos reyes homosexuales
frente a mí, la envidia bajaba deseos fallecidos
Fui el mimo con los ojos de serpiente
fui el laurel de los pecados
fui aquel sosiego asfixiante en la cocaína de los muertos
aquella pintura palpitante frente a los sueños cancerosos
Al final sólo quedamos dos, además del llanto y mi agonía…
una vez más fue aquella mano recogiendo cocaína y repartió nuestros anhelos
Los nervios son orgasmos en un par de ases.
Intercambiamos ideales egocéntricos
inhalamos aquel narcótico blanco para humillar la piedad
¿El final?
La música fosforescente se estampó en un Joker
contra los dioses que aprendieron a llorar
entre aquellos sabios drogadictos
El llanto tiró su escalera de diamantes
mi agonía reino con aquella flor de imperio
¿el premio?
¡La muerte!
LOS FEDERALES
¡Ahí vienen los federales! gritaron varias mujeres y otras más asomaron por rendijas y ventanas para constatar que a la distancia un ejército se acercaba al pueblo, donde sólo había niños, ancianos y mujeres; loa hombres habían marchado al grito de ¡VIVA CRISTO REY!
Al arribar , los soldados fueron recibidos con nubes de polvo, pues las arenas se revelaban al paso de los caballos. A simple vista las calles estaban desiertas. El general dio la orden de ir a la iglesia, sabia que la gente se refugiaba en los templos. Después de haber balaceado la puerta y abrirla a patadas, vieron que todo el pueblo estaba ahí. Ordenaron a los ancianos que sacaran a los niños y se fueran a sus casas y empezó la repartición de mujeres entre la tropa; las mas bellas las escogieron los sargentos y capitanes. Al entrar a la iglesia, el general vio que una muchacha corría a esconderse detrás del altar, de inmediato fue a buscarla , cuando la vio, parecía una virgen fuera de lugar , exudaba una luz curvilínea que traspasaba el único vestido que traía puesto. -- No temas le
dijo, yo casco el camino que lleva al placer mas exquisito del hombre y del universo; ven… Luego la tomo de la mano y ambos entraron a la sacristía. Un ambiente tenso y expectante invadió el interior de la iglesia y entre las protestas y el forcejeo de las mujeres los vestidos saltaron hechos jirones, y los gritos poco a poco se fueron transformando en quejiditos de placer, algunas decían ¡noo, nooo! Mas esto quería decir todo lo contrario. Mientras tanto, el general en la sacristía destapó una botella de vino de consagrar que el sacerdote olvidó con la prisa de salir corriendo
hacia el monte antes de que llegara el ejército; de un solo trago bebió media botella ¡Quítate el vestido! le dijo a su joven acompañante con una voz de trueno que hasta las paredes temblaron. La muchacha se arrincono en una esquina con una mano arriba y otra abajo. De repente, el general desapareció, no estaba a la vista; poco después fue saliendo de debajo de la mesa una figura regordeta, blanquecina; al general le dio vergüenza quitarse los calzones frente a la muchacha, como nunca le había pegado el sol en el cuerpo parecía un fantasma sin cabeza que se paseaba al
alrededor de la mesa; estaba nervioso, algo andaba mal. -¡No puede ser que se me vaya viva! -exclamo el general que muchas batallas había ganado en ese momento tan crucial se sintió abatido, su arma de hombría, su espada, aquella que hace machos a los hombres, no quiso ponerse firmes, por mas que le echaba salivazos y le daba de cachetadas, siempre quedaba con la cabeza gacha viendo hacia el suelo con al único ojo que tiene; como quien dice, se negó a atacar al enemigo quizá lo vio muy peludo
se rajó todito el cíclope; el pobre hombre nomas resoplaba, de repente dio un puñetazo en la mesa y le dijo a la muchacha: --Vístete y vete no vayas a decir nada de lo qué pasó aquí. ¡Oíste! si te preguntan cómo te fue, les dices que fui muy hombre. En realidad la muchacha nunca supo lo que paso ahí.
Cuando el general se estaba vistiendo, algo brillaba en la ventana que llamó su atención, se acerco y vio que era el mismísimo diablo que le sonreía al lado de un arbusto, y le dijo: -toma algunas hojas de esta hierba y mézclalas con vino de consagrar. Lentamente, como hipnotizado, arranco algunas hojas y las fue introduciendo una a una en la botella, la cual agitó fuertemente. Se fijó que en la botella se dibujaba una etiqueta que decía "Esta es la bebida de los muertos". sin pensarlo dos veces le dio un trago. El general sintió un hielo raspando su garganta hasta llagarle a la panza. de inmediato empezó a sudar frio, de repente la sacristía se empezó a iluminar de colores, una serpiente se deslizaba por el techo, todo le daba vueltas en la cabeza, menos un cuadro que estaba en la pared, era la representación de la ultima cena de Cristo; para su asombro, los apóstoles empezaron a moverse y a platicar entre ellos; el maestro tenia una botella exactamente igual sobre la mesa; el Cristo la tomó y vertió el liquido en una copa de oro; luego, alzándola entre sus manos, dijo con estas palabras
"Esta es mi sangre, es el cordero de dios que quita los pecados del mundo, haced esto en conmemoración mía, luego le dio un trago y se la pasó a san Juan --¡Que horrible sabe esto! dijo san Mateo, de los apóstoles el mas feo, pásame las tres le dijo san Andrés, un trago nada mas dijo santo Tomás y así todos los apóstoles, el único que no brindó con el maestro fue Judas Iscariote, pues ese juey era un burgués que siempre andaba pensando en el dinero. De repente todos vieron que Jesucristo despedía rayos de luz; asombrados comentaron "En realidad el es el hijo de Dios.
En eso tocaron a la puerta, sacando al general de su onda celestial. _-¡Ya están todos los soldados afuera! -le dijeron- , todas las mujeres fueron pasadas por las armas de la orgia sexual, Dicen que algunas se juntaron con el hombre que habían conocido íntimamente en la iglesia, pues se sintieron que ya estaban casadas, las únicas vírgenes que permanecieron como tales fueron dos estatuas de yeso que desde sus pedestales observaron con ojos impávidos aquella orgia que por el solo hecho de llevarse acabo en una iglesia todos estaban benditos, libres de pecado. Actualmente, esa iglesia esta abandonada,
lo único de valor es un reloj colgado en la torre y que desde ese día nadie le a dado cuerda
Alejandro González Sánchez.
(El personaje entra elegantemente vestido y se para en el pódium.)
Me han recomendado, como una actividad terapéutica, preparar una conferencia acerca de los daños que causa la soledad. Supongo que las conferencias sobre adicciones están demasiado gastadas.
La cosa con el tabaco es muy sencilla, se deja o no se deja, se exhala o se retiene en el organismo esperando que el fuego purifique el alma, al final del día, si ya no sale humo de tu organismo no debes de preocuparte, o has dejado el tabaco o estás muerto. De cualquier manera el asunto ha quedado resuelto.
Los doctores en este hospital me llenan de diferentes drogas, tranquilizantes, estimulantes, los primeros temprano en la mañana y los segundos tarde en la noche, además, el psiquiatra me recomendó fumar en la última sesión que tuvimos, la idea fundamental es que sentir esa humeante consistencia correr dentro de mi cuerpo me va a dar más ganas de vivir. Los doctores siempre tienen métodos que uno no entiende, justo después me pidió que preparara para ustedes una conferencia sobre el daño que causa la soledad.
(Comienza a leer unas notas que tiene en una bolsa del saco)
De alguna manera considero que todos, por el hecho de pertenecer a la especie humana, somos expertos en materia de soledad… usted ahí sentado me va a venir a decir que nunca se ha sentido solo, que ha venido a ver a un loco en un manicomio dar una plática de soledad porque en su casa no había luz, o porque el capítulo de hoy de su programa favorito es repetido así que fue mejor optar por venir a ver el circo por un rato. Se me olvida, además de expertos en soledad, también somos expertos en la mentira sofisticada y el autoengaño.
Autoengaño, se me olvida que, según el doctor, no debo de utilizar términos que me transporten a mí mismo, nada que sea introspectivo, todo debe de ser para ustedes, externo, dirigido al público que es una tercera persona, un juez que no sea yo mismo, para así, lograr salir de mi soledad y entrar en contacto con la realidad colectiva.
Hubiera sido más sencilla la encomienda de una conferencia sobre el daño que causa el tabaco.
Lo siento doctor, nunca he sido bueno siguiendo notas, ni siquiera siendo yo el que las escribe. (Se dirige a una persona en el público y le da las notas) Tome, seguramente cuando lo internen en esta institución le será más fácil preparar una conferencia. No se sienta mal, todos deberíamos de estar internados en el manicomio una vez en la vida, es algo normal, como una cuota que se paga por vivir, la gente acostumbra alarmarse por nada, yo se lo atribuyo a que sus vidas son muy aburridas y necesitan algo de emoción.
Si fuéramos más sensatos se cambiaría lo que se dice de manera vulgar acerca de la misión del hombre en esta vida… nacer, crecer, entrar a un manicomio, reproducirse, estar un rato en la cárcel y morir… leer un libro, tener un hijo, pasarte algunos veranos en la casa de la risa, para salir a plantar un árbol y entonces tener la ilusión de que tu vida es pacífica, y que después de haber vivido en desgracia, al final todo está bien. Eso sería más realista, pero como ya dije, somos expertos en la mentira sofisticada para hacer todo más agradable.
Discúlpenme, es inevitable que parezca que hablo conmigo mismo, pero no por eso pienso que deje de tener razón, en la visión general de la vida siempre se trata de evitar la desgracia, si decimos que no existe entonces tal vez deje de estar ahí, si negamos el hecho de la soledad entonces nos será posible sentirnos menos solos, reemplazar las voces que en la noche te producen los estimulantes en la cabeza por una célebre plática para un auditorio muy respetable, no sin aprovecharte para decirles cosas que no quieren oír.
Antes de internarme de manera voluntaria en esta casa de verano, yo era un respetable contador, economista, matemático, estadista, auditor o algo así. Recuerdo perfectamente el sol entrando por la ventana de mi estudio, iluminando una libreta grande de cuero llena de números, en ocasiones era un pizarrón con ecuaciones… mi memoria no es tan clara.
Recuerdo sin embargo con toda la lucidez posible, la mañana del 10 de abril de hace un par de años, estaba en el estudio frente a una de esas gigantescas libretas de cuero llenas de números, mi panza estaba hirviente con el café de la mañana y el humo del tabaco se mezclaba con el polvo de la calle y se fundían humo y polvo en uno mismo, este acto inigualable de amor sólo podía contemplarse gracias al patrocinio del sol de la mañana.
Al contemplar tanto romanticismo en un espacio tan pequeño me empecé a volver loco, Dios era capaz de pintar un cuadro matutino con escasos elementos, de lograr la belleza de una manera tan simple, y a mi lo único que me quedaba por hacer el resto de la vida era quedarme en mi estudio mirando números aburridos. Estaba seguro que si no hacia algo me iba a desquiciar… escuchar esta historia de un interno en un manicomio debe parecer jocoso, pero aunque no lo crean entrar aquí fue un acto de extrema cordura.
Empecé a dar vueltas aceleradas en mi silla de oficina, la hice el centro del universo, me fundí con ella hasta que todo el estudio comenzó a girar y yo dejé de moverme. Con el cigarrillo en la boca echaba humeantes risotadas que eran una absoluta falta de respeto a los grandes libros de cuero y a toda mi rutina diaria de muerte.
Convertido desde ese momento en una especie de niño, con una felicidad e irreverencia fundadas en la nada, o en la simpleza de todo, por primera vez miré a la gran ventana del estudio y pude contemplar el hermoso parque que siempre había estado ahí, pero que hasta ese momento, no había sido para mí más que un accesorio de la colonia en donde vivíamos los vecinos más aburridos y acaudalados de la ciudad. Todos éramos iguales, solemnes, responsables, formales y un poco suicidas. Me sentí feliz de no ser uno de ellos, al menos por ese instante.
Sin moverme de la ventana de mi estudio lleno de humo, sol, polvo y risa, caminé por todo el parque explorando todas la pequeñas veredas con una visión de superhéroe, lo veía todo desde un punto superior y no existía el tiempo, me metía en cada vereda para salir por encima volando hasta que me volvía a ver a mí mismo parado en la ventana con una sonrisa que me era desconocida.
Aprendí con la práctica a deshacerme de mis condiciones humanas, el espacio-tiempo ya no importaba en esa nueva realidad, me desplazaba con velocidad por ese parque, riéndome del destino del resto de esos seres vivos condenados a la densidad, yo ya no era denso, ni vecino, ni solemne, ni encargado de números, ahora era un pez volador que pasaba las mañanas merodeando en mi nueva felicidad acuosa.
Volar, como toda actividad, es una cuestión de disciplina, de perfeccionar el método. Todas las mañanas repetía el procedimiento de manera cada vez más precisa, primero, esperar a que el sol pintara su cuadro de mañana hecho de humo y polvo, luego hacer girar la silla entre risotadas frenéticas para dedicar entonces varias horas a nadar por el parque sin moverme de mi ventana. Ser feliz.
En uno de mis vuelos rutinarios en que nadaba pacíficamente entre los algodones de azúcar, la señora que vendía violetas en la esquina y los niños que eran alcanzados por sus padres para no ser arrollados por un automóvil inoportuno, algo captó mi atención, no tuve otra opción más que detenerme. Una mujer con sombrero de pluma y guantes largos agitaba su abanico, sonrió al plasma que yo era para luego preguntarme qué hacia merodeando en su cabeza.
Me detuve un tanto asustado, nadie me había interrumpido antes mientras volaba, traté de responderle pero supongo que no podía escucharme porque no hizo más que seguir sonriendo. El magnetismo que ella ejercía sobre mi ser era algo indescriptible, y desde entonces sólo volé para poder encontrarla sentada en esa banca con su sombrero, meneando el abanico de guantes largos. Desde entonces hemos sido amantes.
Pasaron así años, meses u horas, en realidad no sé. Las excursiones al parque se fueron haciendo más lánguidas, mi consistencia fantasmagórica se iba debilitando cada vez más, ella seguía estando ahí tan majestosa como la primera vez, pero yo no, yo me iba diluyendo en el viento. Diluido regresaba a mi ventana con el día casi muerto, para dormir sólo un par de horas y tratar de no ser el dolor de cabeza en el que entonces me convertía.
No he usado otra ropa desde la primera vez que la encontré, no lo sabia, pero creo que en algún momento dejé de comer, me di cuenta de esto el día en que no fui capaz de despegar de mi estudio. Me sentía débil, sólo podía ver ese enorme libro de números que amenazaba mi nueva forma de existencia. Entonces supe que algo no estaba del todo bien.
Cuando llegué me diagnosticaron una anemia severa y exceso de soledad. Jamás había escuchado algo similar…exceso de soledad, ya les dije que los doctores son gente complicada y nadie los entiende, sin embargo puedo deducir, por el diagnóstico, que me consideran un experto para estar el día de hoy ante ustedes y hablarles del tema.
Les confieso que lo que más deseo es curarme, tener la fuerza para volver a vivir, encontrarme en mi estudio en la mañana y aventar por esa enorme ventana el libro, el pizarrón, este traje barato, para así disponerme a reír y volar junto a mi hermosa amada de sombrero de plumas.
Esta convalecencia, esta soledad socializante me ha hecho mucho daño, pero ya saldré de aquí, por lo pronto he cumplido con el absurdo requisito de darles una conferencia acerca del daño que causa la soledad, y ya me voy. Para esta hora sirven un puré de papas que es espantoso, pero cualquier cosa es buena si sirve como gasolina para luego poder volar. Nadie me va a tomar a mal que me retire, de cualquier manera este auditorio está vacio, y ninguno de ustedes me ha escuchado.
(El personaje tira el pódium al suelo y sale. Obscuro final.)
Osvalgo García García
El viento blasfema afonías evaporando eternidad
Como bestia arraigada en mi alma cuando la rosa bebe su delirio.
Me aglutina la boca del lobo en suspiros de la tierra
Dibujo lágrimas frutales en mutismos de piel marmolea que escurre en mis dedos celestes en bocas de pensamiento.
La oscuridad carcome los zaguanes del maíz en los trozos del durazno.
***
Incoherencia:
Desperté muriendo, comiendo mi carne en las memorias
En puertas de aliento, besando palabras escucho afonías.
Sintiendo la muerte dentro del palpitar de la miel
me salpicas idioma de ayer en viento.
Lo fatal manchara mi sed.
El deseo trozara la tribulación
cuando por fin los cabellos de la tierra, confidentes del amor
edifiquen en la cosmología del ayer una utopía torrencial
en cabezas cercenadas por estupidez conyugal.
Escucho sangre en el daño del pasado
centro del universo en recorridos nocturnos
de buganvilias que gimen ocultas entre sabanas desesperadas.
Los suspiros del ensueño surcan en parvadas.
Si pudiera morir como el gato de mi ventana esperaría mis motivos
Mañana cuando el sol muera en su pedestal beberé un trágico final
saboreando la melodía de la simbiosis de suicidas, masticando la radiante sombra del espejo
tragando el fuego de la miel
masticando sueños del árbol de la incoherencia.
***
Demonio canción
Escupo versos para una joven
a ella le gusta como canta su ventana
pero el punto y coma de mi verso me robo la inspiración
en cacofonías del adjetivo muero en mis sustantivos.
La boca del poeta es la pluma del corazón
sin tinta, ni estrellas en donde escribir agoniza mi espíritu.
Mañana cuando mis versos regresen en parvadas de espejismos
moriré con en la tumba de mis palabras.
***
Crepúsculo:
Agoniza el bosque del amor en mi pecho anaranjado
comprado por las puertas del aliento.
Vomitare mi epidermis en la hora violenta del crepúsculo pasado.
Continuo mi travesía por la carretera del amor
fincando situaciones con anzuelos de dolor.
La oscuridad me habla, soy su confidente
guardo su terciopelo en los cardos del fénix.
***
Tiro a la luna:
En el león soñó con la oveja
le regalo su amor en un frasco
juntó en una caja de cristal el yugo de las estrellas.
Salé la noche y se columpia con la estupidez del cordero
juega con el masoquismo de león en la vida lenta del caracol.
Amarte
Amarte con llagas como recuerdos
en silencios rasgados de mi alma.
en gritos mudos del silencio.
Amarte con diferente identidad en la misma historia.
Reprimiendo mi sed, consumiendo herejías de miradas.
Amarte en recuerdos que me quieran olvidar.
***
Mutismos de luna:
Ardo en soledad baldía, escupiendo soles en tempestad.
No arranques las migajas de sueños que anidan en tu piel.
Perdona mi dolor, tu único declarante.
Fracturas las mascaras del espejo
y frente a la ilusión tomas mi lugar.
No importa si ignoras la sed que beben de los fantasmas de la insolencia.
Desde tus pretextos huertas el cáliz de mi barbarie.
Esta felicidad al prisma de tú límite abandona tu piel.
Riveras de recuerdos vacían mi alma con un frenesí de intruso.
Clamo tu nombre la sordera.
Tu ausencia de tu eco es suplicio de mi necesidad.
Sacrificas mi fe, sombra de la esperanza.
Opacas tú dulce aroma en la pesadumbre.
Separadas nuestras manos delante va el miedo de nuestra imperfección.
***
Enemigo perfecto:
En tú asteroide me disipé
divagando inconsciente entre tus edenes.
Ahí reparo tiempo dibujando mi voz
cuando suspira mi alma en el umbral de un sueño perdido.
La sombra de tu nombre, células que se ahogan en cansancio
donde sus fantasmas tiemblan bajo luces de ayer.
Renazco noches en chispas de caramelo.
En cada luna soy el relámpago de mis ecos
donde ocultan recuerdos partidos en gemas de memorias.
Mis pensamientos de luz ensombrecida por ángeles que lloran cicatrices.
Sin palabras hablamos conformando rompecabezas morbosos del ocaso perturbado.
Estoy recordando sin pasado, caminando sin extremidades
Rescatando espejismos en susurros, llamas intimas en partituras.
***
Mirada de otoño:
La indiferencia tiembla bajo tu atroz mirada
me reprime y atormenta los sueños, canta en sangre al dolor.
Llagas de licor e inmortales tempestades me provocas.
Tu mirada es paraíso de ilusiones carentes de razón.
amargo deseo cubierto de locura que no anochece.
Te rindo hasta el último despertar al huir de mi.
Acorta el tiempo entregando mi aliento.
Tus ecos besan el aire
son fuego desalentado, un corazón en sombras ausentes.
Luces muertas iluminan su entrada y arremolinan la ironía.
Desnudas la inocencia bifurcando comisuras.
Alimentas a los ríos que desembocan en el olvido.
Eres como sepulcro de confusiones que claman lagrimas
manantial de pasiones rotas y piezas desubicadas.
Disipas la felicidad en afanes, carcomes labios aspirantes a tu caricia.
Tus aglomeraciones de vidas pasadas chorrean del espejo
tesoros de piedad enfatizando ahogo.
Me abraza la tristeza gritando los deseos.
Escupes egoísmo, infectas codicias deliberadas.
El terciopelo de tu mirada resguarda perdición en lamentos de frutos primaverales de invierno.
Eres tinieblas encendidas de la luna de otoño.
***
Hoguera:
Secretos abultan curiosidad
como el prado de miel que corre después de tu eco para bañarse con su sombra.
¿Qué hará ese fantasma invernal en tus ojos, cuando mañana te tragues días en mis orígenes?
Mi alma juega con la ausencia
Fincando soles de media noche, falta que llore tu voz
Ensombrecida por nuestro corazón.
Las promesas resguardan crepúsculo en un millón de huellas.
La confusión del nosotros separada por afines conyugales
manifestados por estupidez.
Se queman mis dedos, todo sucumbe
y mi aliento deja de pedirle a la vida que acaben los suspiros de mis ojos.
Mientras tanto el significado del silencio eleva conversaciones
de personas que desconocen sus lazos de amistad vomitando realidades inversas.
***
Complicaciones:
Me fundo en un grito con la venganza.
Las memorias dejaron un infierno en mi pecho
como moretones en el tiempo.
Mis venas reciben aun nuevo huésped compartiendo
su rasposo caudal con un corazón suicida
su tiempo me persigue con un manto galáctico.
***
Pesadilla:
El amor afina diamantes en su bóveda
cuando el oro acaramelado de tus ojos se congela.
Si el atrapa sueños de mi alma sirviera
encadenaría el aire para convertirlo en mi esclavo.
Cumbres borrascosas:
Abrazo a la soledad entre tinieblas
el sabor del viento me acaricia el paladar
en lenguas de fuego que escupen a mi pecho donde había un corazón, ahora no encuentro su lugar: lo asesino tu mar galáctico.
***
En mis ojos:
Bajo el templo de tu subconsciente tu alma se adhiere a mis labios.
Desnudo susurros bajo el sol
toco el horizonte con el terciopelo.
Del abismo conjuras mi nombre inmortal.
Tres:
Llora mi piel, alfombra de tus sueños: Oscuros fosos de brazos ciegos.
Sentimientos: ni tu perturbado reflejo les tiene piedad.
Mentes versus cuerpo: la boca de sangre saborea su entierro.
***
Travesía:
Un corazón de mil pechos blasfema de una boca sin rostro
nómada refugiado en la agonía
lugar de oscuras luces.
Nuestro tiempo transcurre sin treguas
pero no sucumbirán los ilusos de tu infierno.
Gritamos tu lujuria y la mía llorando vanidad.
***
Deriva:
A la deriva de la inconsciencia dibujo cantos en círculos de calma
como llama de infinito que suicida sueños
cuaderno que regresa del rió cuando frena primaveras
pasando milenios contemplando su desnudes.
Escondo caricias en escombros de recuerdos
en niños enfebrecidos por el aire que los abofetea.
***
Suspiro:
El suspiro de los poetas es alimento a la ruleta
cuando las caricias de la sombra sollozan pinceladas de codicia.
Tu abrazo pasó por mis venas en mosaicos de silencio
es fenómeno de luna en cuerpo infectado de miel
simbiosis de suicidas en semillas de esperanza.
Sublime:
En la tumba del miedo arrastro sus cadenas
y la luna desconoce su inmensidad al devorar espejos.
Encendiendo quimeras cantando delirios a un cardenal ausente.
Si buscara el dolor y olvidara en mañana equivalente moriría en mi centro
pero los cardos del silencio arden.
***
A mi familia:
Recuerdo la noche como una amiga comiendo alegría sobre aquellas falsedades.
Los motivos navegaban en lo inútil de la casa abofeteando el grito de un río.
Pulso el botón del pasado en la ironía del presente
que se incrusta en mis ojos como esquirla desalmada.
Mi mente dormida escucha sueños del espejo y no puedo descifrarlos sin aglutinar las noches de ahora.
Entre las fauces de esta sangre mis manos derrumban la inocencia de un reino donde nadie muere, ni siquiera mis venas, ni las voces del vacío.
En mis sueños renazco de la misma semilla pero las raíces envenenan los retoños, entonces los celos del ingenuo descubre los moretones del corazón.
Las cortinas de esta simbiosis ocultan un prospecto de seducción.
Habla mi dolor en letras calmas ante el astro que no siente,
y desembocan mis lágrimas en cascadas de indiferencia
donde se fuerza la unión de una pieza descarriada
entre yo y el umbral de la discordia.
Como el riesgo de morir cuando almohadas ajenas a mis oídos
saltan por la ventana para volar a su destino.
Esta casa de sombras se vuelve parvada de agonía
cuyos muros me persiguen, su techo me aplasta, le pido al espacio piedad
pero insiste en mis caminos un nuevo amanecer de humanidad
que terminará oscureciendo la razón de esta voluntad suicida
que busca la paja en las pupilas del estúpido ajeno
***
Posibilidad:
Enamoro tinieblas con ceguera.
Mi epidermis busca libertad pero otra oscuridad alumbra los encargos del corazón.
No es fácil olvidar el sol que ya conocemos
tampoco las posibilidades
Todo termina, y empiezo cantando memorias difuntas.
***
Praderas:
Los pecados del silencio enajenaron mi soledad
hoy me consumen cuando tiño de negro las confusiones
y descubro verdades al mirar el firmamento en otra alma que no conozco
En otras huellas espumando al sol en cólera de noche.
Aborrezco sujetarme del fuego cuando juega con mi silueta, pero si mi resplandor pereciera la suerte brillaría ante los ecos y risas de mi lumbrera.
***
Adrenalina:
Busco latidos en los poros del maíz y sus ojos plateados, silenciando voces de sed, sin el último grito en la historia de cada grano.
***
Parvada de silencio:
Los suspiros son las letras dolientes
escritas sobre epidermis de crepúsculos ciegos
es tinta de reflejo
Las noches frías con su ayer son tinieblas que censaron mi fe.
El sol se apagó con mis alucinaciones, obsequiándome un grito de pensamiento, una oportunidad.
***
Algo inesperado:
Temo ser una persona cuando no puedo ver mi palma en la ambulancia de este desierto.
***
Mi mejor amiga
Mi mejor amiga nació odiando el sabor de anís
ella controla sombras egoístas en la noche
Ella: nube de acantilado, promesa silenciosa parida del heroísmo
Es música gris de ojos sedientos y boca ciega
Así vive el pasado
En la ventosa de las sinfonistas de la memoria
Al arrancarse un cabello en verano, en todo lo que el grito no puede sanar
Se esconde en los corazones de la luna
Son las llagas del espejo: el primer beso del viento
Vive aborreciendo al depravado
Condenando los años: que son los días del suplicio
Llorando cenizas de cigarro en los pesebres del imperio
Está en la faceta de lo escrito, en la época dónde los retazos de los muros renacían de su voz
Es la simbiosis que se resiste a esconderse del sol
De todo eso que nos salpica el pasado cuando se burlan de nuestra ventana
Existe en los ojos de la sangre: amanecer en las pesadillas del suicida
Creí que me abandonaría, pero no temí que fuera bueno perderse
Si descubres que la memoria es el destino en la travesía
del pasado por la vida de los hombres, preferirías morir en la herida
Habita en todo lo que se ofrece por casualidad
que mañana no será lo común sino un silencio imaginado por psicópatas
***
Un grito en el maíz
La sombra es lo que te cobija
Contémplala que pronto desaparecerá, bebe el salvajismo de sus abismos
En la galaxia del maíz esconderás los gritos en la fisura de la memoria
Quiero conocer los ecos que anidan en su centro
sospecho que están en la raíz de esa gota de agua escondida del grifo de la locura Mientras tanto seguiré esperando al ciego que me guiara en la fosa de las lágrimas
***
Ruleta:
El sol me susurra viento de oscuridad que ha ido enterrándome sus entrañas
como bestia perdida en las pupilas del silencio.
En todo error hay una posibilidad, pero los cien años nulos me unen a su centro
No quiero beber de tu boca los mitos que zarandean lo demás
No quiero tener miedo al derribar las barreras
me turba no hacerlo: quiero ver los gestos de tus palabras cuando me exijan rendición, quiero sentir el abrazo del suspiro de tus ojos, y leer signos en la epidermis del sueño.
Anhelo no poseer nada, sólo adherir mis ventosas a tu alma.
Tal vez sean un desliz, pero no me importa equivocarme.
Pero…
La sombra del árbol sana mis ruinas
veo dentro de ella que sigo respirando
Mientras el silencio hablé sobre bosques en las remembranzas, todo estará bien. Creo que lo he logrado: la lluvia ya no es una fosa.
***
Luna nula:
Los ves todo el tiempo, pero no sientes su presencia
Aquel suspiro de pensamiento escupe los cardos maltratados
Muy lejos de ahí las voces no escuchan su lejanía.
***
Madera arrullada:
Hacen mucho ruido los mutismos ¡quiero que se callen!
Háganlo, deseo sobrevivir a lo visto
Nunca pienses, porque mañana mi emergencia será otra.
***
Negación
Un sueño que no sabía quién lo había creado se preguntaba cómo hacerle para conseguir que las personas soñaran con él para poder existir; finalmente llegó a la conclusión de que era más fácil hacer que la gente se perdiera en su interior.
Se le ocurrió la idea de crear un mundo para personas curiosas; sería un lugar como ningún otro, hecho de recuerdos y deseos. Pero para lograr que su lugar de fantasías fuera real en el alma de, por lo menos cuatro personas debería tomarlas bajo sus delirios. Encontró a cuatro doncellas, valientes, vanidosas, incluso violentas.
—Perfecto —se dijo.
Mientras la primera de ellas dormía, el sueño se encargo de mostrarle el mundo al que podía pertenecer. Cuando ella exploraba el extraordinario sitio, el sueño tomó sus más profundas ambiciones y las mezcló con lo que le estaba mostrando. Seducida por la tentación al ver que todo lo que ella siempre había deseado tener, le pidió al sueño que le permitiera ser parte de ese mundo.
—Todo tiene un precio —le dijo el sueño en su cabeza y le mostró una imagen de ella abandonado sus restos terrenales.
Ella hizo una mueca.
—No importa. Si con la muerte he de pagar, es un precio justo, estoy dispuesta a dar mi vida.
El sueño le advirtió que era un lugar peligroso y lleno de misterio. A ella no le importo. Su única petición fue que le diera una espada para protegerse de quien intentara hacerle daño.
Con la decisión tomada, la damisela jamás volvió a despertar.
Mientras ella paseaba por las fantásticas tierras encontró el temible rió de las memorias, éste le mostró el dolor de su familia por su muerte.
-Feliz y sin remordimiento, olvidó aquello y siguió regocijándose del aquel lugar de ensueño. Ahí las rosas le hablan, le contaban historias antes de dormir, y por las tardes tomaban el té.
En su mente siempre se repetía que este país era suyo, y de nadie más. Un día, cuando la luna y el sol peleaban en el cielo, la primera doncella llegó a una aldea de conejos blancos que vivían en enormes cedros. Eran tan grandes como ella, de ojos inyectados de sangre y orejas rosadas.
—¿Qué es todo esto? —se dijo.
Tomó su espada y la clavó al primer conejo. Cercenó varias cabezas y abrió varios pechos, dejando un sendero carmesí en el pasto.
Incontables fueron las pérdidas que causó. Al terminar, dio un gran bostezo, tomó la piel de una de sus víctimas y se cubrió con ella.
—Todo es mío de nuevo —susurró.
Con una sonrisa de satisfacción se quedo dormida en su propio sueño
Un crujido ensordecedor la despertó. Los árboles despegaban sus raíces del suelo, despertando de su letargo eterno. Ella intentó escapar, pero los árboles se lo impidieron. Y en condena a sus pecados atrapada entre los árboles para siempre se quedó.
El sueño, con la fuerza del primer espíritu se hizo más fuerte, por consiguiente también su creación.
Aún le faltaban tres mortales para que su mundo estuviera terminado, y mientras la primera doncella se auto destruía, la segunda ya había sido tentada de entrar; al no poder resistirse, ella también murió.
La segunda doncella tenía hermosa voz. Al entrar al sueño, sólo se alimentó de manzanas; mas pronto que cada vez que las mordía, un sin fin de notas musicales brotaban de su jugo.
Su dulce canto era sublime y gracias a él amanecía, las estrellas y los rayos solares reían felices en compañía del viento. Era tan hermoso el sonido de su voz que terminó enloqueciendo a la pobre infeliz.
La locura de la doncella cobró vida propia, pensaba y jugaba. Ya nunca estaría sola, y ahora tenía con quien cantar.
Paseando por el bosque la doncella quiso una rosa azul cortar; la rosa, maravillada de escucharla cantar le dijo que estaría con ella por siempre, con tal de oír su canto; más su locura vuelta celos, la mujer no pudo controlar, e hizo que a su huésped la rosa le brotaran espinas en el cuerpo. Su locura, al no tener otro cuerpo, también murió.
—¡Qué tragedia era estar destinado a morir! —Ante ese último pensamiento la chica se desplomó en el suelo y murió.
La tercera doncella era pequeña y bonita; nunca pensó en la existencia de un lugar tan perfecto.
Los conejos y las flores terminaron amándola por su belleza y amabilidad, y en ese mundo de ilusiones decidió vivir. Esa doncella reina se volvió. Su primer mandato fue construir un castillo en la cueva de las fantasías; la cueva era un lugar poderoso, podía conceder cualquier cosa con tal de que el soñar fueran siempre cosas agradables.
Una noche su tierna mente de pesadillas se llenó. Al no poder apartar esas imágenes, el palacio se convirtió en una mazmorra enmohecida; los sirvientes ya no eran tiernos y adorables: se había transformado en cadáveres putrefactos, y rápidamente su reino y la doncella comenzaron a zozobrar.
El sueño estaba tan desesperado por terminar su creación, que tomó una chica al azar; recolectó la ira de las pesadillas de todos los seres humanos y la combinó con su mundo, cambió la luz del sol por una oscuridad insondable y volvió a sus habitantes en bestias horripilantes, todo para terminar más rápido con su cuarta soñadora.
La cuarta chica, desconcertada al no poder soportar las terribles escenas de dolor y pena se arrancó los ojos. Atraídos por la sangre, las bestias en reposo que habitan en los sueños devoraron su cuerpo.
Luego, éste se elevó al cielo. Sus finas adherencias flotaban suavemente. El sueño contempló maravillado y conmovido su belleza, mientras el deslumbrante espíritu estallaba en miles de partículas plateadas.
—Las vidas peligrosas son las más letales —concluyó el sueño.
Bitácoras silenciosas
Con su frágil candor — equivalente a una nube en la palma— se acercó sigilosa. Lo primero que sentí fue una caída profunda, como fuego y pólvora uniéndose, así de fácil fue.
Yo gritaba, incluso juraría que mis gritos dejaron huellas en su pensamiento. No supe cómo llegó, o cuándo terminaría. Simplemente no sabía cómo abandonarme. El miedo y la negación son buenos aliados cuando necesitas aferrarte. Por eso gesté mi locura segregando toda mi fuerza; crucé la calle a la segunda estancia; muchos la llamaban “confusión”, incluso la televisión e internet se atrevían insolentemente a mofarse de aquella realidad, semejante a un viaje de dos amigos separándose por disputas, o simplemente para realizar la travesía de la vida; pero creo que eso es poco comparado con el tormento y el grito desgarrador escondido debajo de la piel que espera paciente el momento de salir.
Cansado del duelo, miré por primera vez el cuerpo tieso y pálido tendido en la cama. Personas muy cercanas, y otras desconocidas realizaban acciones incomprendidas. Sin darle más importancia logré escabullirme entre las personas sin ser notado, pues no quería distraerlos, parecían inmersos en intenso dolor, de esos que no deben ser interrumpidos. Dejé el recinto; olvidando cualquier tipo de condolencia, volví a mi trabajo de “confidente”.
Disfruté por un rato los rayos plateados de la luna, cuando un grito desgarrador me helo el cuerpo. En las sombras de un tétrico callejón una chica forcejeaba por zafarse de las manos de su acompañante. Mi primera reacción fue ayudarla: no entendía cómo era capaz aquel enclenque de hacer aquello.
No sabía si era peor presenciar un asesinato o ver cómo cada día las personas pierden el juicio. ¡Oh! Sin mencionar a los pequeños retoños que vienen después. Pero aquellos tripulantes —actualmente sin un Dios— sólo nombran el deseo según lo que les pase por la mente.
Los ojos enfebrecidos por el odio, la máscara desalmada que en esos instantes cubría su rostro se llevó la vida de la muchacha. Sus gritos ahogados: sublimes y horrorosos al mismo tiempo se clavaron a mi mente como una estaca. No podía hacer nada, no estaba en mis manos salvarla, al menos que deseara morir. Permanecí callado, tratando de fundirme con la oscuridad. Al darse cuenta de sus actos, el chico enclenque, en un ataque de histeria miraba hacia todos lados, como tratando de ubicar el mejor camino para huir; al observar los ojos del asesino se posaron un instante en mi dirección. Su rostro no reflejaba esa sorpresa de cuando se es descubierto con las manos en la masa; sin más distracciones huyó dejando el cuerpo de la chica tendido en el suelo. Le agradecí al cielo por haber salido ileso. Sin embargo, esto no había terminado: algo se deslizaba dentro del callejón, una estela de luz a penas visible. Temiendo que el asesino hubiera decidido regresar por mí, corrí despavorido.
Muchas calles adelante aligeré el paso al saberme a salvo. La culpa se apoderó de mi cuerpo desalmadamente: al menos podía llamar a la policía —pensé— acción que me ahorré al ver un par de patrullas ruidosas pasando a mí alrededor: alguien se me había adelantado.
Regresé a mi casa a la medianoche, exhausto y traumatizado.
Metí la llave en la hendidura de la puerta. Pero eso no fue lo más extraño de la noche: Al entrar, una luz proveniente de unos ojos somnolientos captaron el interés mi interés; seguí al intruso como a luciérnaga. Su luz compensaba sobradamente todas la sombras, era la más pura y hermosa.
Aquello me asustó, “tal vez esté ante la presencia de algún fantasma con ganas de llamar mi atención, tal vez sea el fantasma de la chica. ¡No! Estoy seguro de sus ganas de atormentarme por no haberla salvado”; teoría esfumada al ver con más atención: pequeñas siluetas inmersas danzaban en el centro de la luz. Todas comenzaron a llamarme, usando un poder magnético hacia mi cuerpo. Como pude, me alejé del albor y sus tripulantes bailarines, horrorizado de ser parte de aquella simbiosis vista desde adentro.
Yadira Margarita Núñez Meneses
El sol ha sido devorado por los edificios de la urbe, mientras esta concibe a la luz mercurial. El señor Pérez ha abandonado el bar donde había nutrido sus penas maritales y el hambre de sus críos; recorre la avenida con el sosiego que da el alcohol en las venas, sin percibir al sujeto que era vomitado por las sombras: La punta de un revolver lo sorprende, el asaltante le quita todo lo que trae de valor y hasta la borrachera que tanto le había costado.
La víctima ruega por su vida, en nombre de sus hijos que momentos antes no le interesaba recordar, el ladrón se la concede.
El inmolado emite un murmullo quebrado:
-Gracias.
El malhechor desaparece en la penumbra, mientras el pobre hombre sigue su camino… temblando.
ESPEJISMO
A través de eternas dunas, un hombre deambula sin más esperanza de la que cabe en su cantimplora vacía. El sol lo ha mirado desde todos los ángulos posibles sin que ninguna nube lo importune. Intenta caminar veloz para no dejar escapar su ánima, mas esta es demasiado ágil y la pierde de vista en varias ocasiones.
A lo lejos vislumbra un oasis etéreo; con las fuerzas que le quedan intenta correr hacia él, consiguiendo sólo imitar a las serpientes.
Se refresca en un manantial bajo el cuidado de cóndores motivados, come dátiles jugosos creados de la carne de Adán y es fascinado por una bella mujer evanescente que reside en ese paraíso.
Sin más fe de la que podía tocar, decide olvidar su vida anterior y abandonarse en este paraíso para siempre.
Al pasar una caravana por ese lugar, dos hombres conjeturan su existencia al mirar un cadáver abrazado a la nada.
ESFINGE
Víctor, como cada noche, miraba a través de su ventana, esperando descubrir entre el gentío, el rostro de la que lo tiene embelesado. Su persistencia fue premiada cuando vio salir de la casa frontal a una mujer de rostro hermoso y elegancia felina. Su enigmática presencia lo había seducido.
Ella sonríe, sabe que es observada. Pero no es un gesto de alegría sino de satisfacción.
Después de varias noches de vela y sueños quebrantados, él decide abordarla:
-¿Que puedo perder?- pensó.
Se dirige a la casa de aquella dama, con la mente en blanco para no arrepentirse; al estar frente a la puerta duda, mas antes de siquiera pensar en tocar el timbre la mujer ya tenía abierta la puerta. Lo invita a entrar con voz fascinadora, la voluntad del joven fue sometida por varios pares de atributos femeninos. Después de acceder a la vivienda la puerta se cierra a sus espaldas.
Ella se acerca lentamente: su fogosidad desértica como viento del Sahara lo abrasa. Víctor respira con dificultad auxiliándose de la boca para no ahogarse; se siente aturdido y percibe su entorno moviéndose a toda velocidad alrededor de él; se acelera su corazón al igual que su respiración. Estaba desconcertado cuando la voz de la dama taladró su cerebro.
-¿Que sientes por mí?
A lo que él respondió con voz agitada.
-Te amo.
Y selló sus palabras con un beso apasionado.
Por la mañana, el ruido de sirenas quebró el silencio, encontraron el cuerpo de Víctor en un callejón cercano a su casa; los paramédicos escriben con letra ilegible: muerte por asfixia.
ANÁLOGÍAS
Existía un mundo que nunca fue plano, giraba sólo sobre su eje en ambas direcciones. Sus habitantes tenían la seguridad de que eran los únicos entes en el universo.
Uno de ellos, un gran científico de este cosmos, creó un extraño aparato -a su edad madura de 32 segundos- que le permitía ver más allá de su mundo. Entonces descubrió un ojo enorme que los observaba. Fue tanto su asombro que continuó creando artefactos cada segundo de su vida, para ver más lejos en el espacio.
Ya siendo un anciano de 76 segundos, logró crear uno que le permitió ver por completo al individuo del gran ojo, el cual, comprendió el inventor, sostenía su mundo: esta entidad tenía vida, mas el científico estaba muy lejos de descubrir si sería un ser con inteligencia. Murió un par de segundos después con la gran incógnita, pero con la satisfacción de haber aprovechado cada segundo de su vida.
Al mismo tiempo un mecánico observaba minuciosamente un tornillo para el trabajo que realizaba.
MIEDO
La pequeña Diana, le pidió a su mamá, cuando esta la arropaba con el edredón:
-Mamá déjame dormir con la luz encendida.
Su madre rechazó la petición diciéndole que tenía que enfrentar sus miedos para que estos desaparecieran. Apagó la luz y antes de salir de la habitación le dijo:
-De todos modos sabes que estoy aquí a lado.
A media noche la mamá despertó a causa de los gritos de Diana. Rápidamente se dirigió a la habitación y encendió la luz.
-Mamá tengo miedo, no apagues la luz, déjame dormir contigo, por favor.
Abrazó a su hija, tratando de calmarla, se levantó, abrió el closet enseñándole a Diana que no había nada, e hizo lo mismo con todos los muebles de la habitación. Diana levantó con premura los pies que ya colgaban de la cama; su mamá entendió de donde venía su miedo. Lentamente se dirigió hasta ella, un ligero escalofrió recorrió su cuerpo, se agachó y alzó la colcha que impedía mirar bajo la cama… No había nada.
De nuevo arropó a Diana y le dijo que estuviera tranquila.
-No hay nada que temer. Dijo su madre antes de darle un beso en la frente y apagar la luz.
Cuando salía de la habitación se detuvo y de nuevo se asomó bajo la cama. Se levantó como impulsada por un resorte, tomó a Diana y se dirigió hacia su habitación prendiendo todas las luces en su camino. Se subió a su cama y abrazó fuertemente a Diana. Con los ojos bien abiertos, las dos permanecieron casi inmóviles hasta que la luz del sol apareció por la ventana.
Morir mil veces
Caminaba sobre la acera, el sol alimentaba mi rostro con suave caricia. Mi pequeña trotaba a mi lado, con su sonrisa me mostraba la irrefutable verdad de Dios mientras su manita escarbaba la protección entre mis dedos. Sus labios se abrieron, dibujando el trayecto de una filosofía inocente interrumpida por el trueno de la muerte vestida de plomo. Sus ojos verdes infantiles se inundan de un líquido salino que grita dolor, su garganta quiere lanzar un alarido ahogado por el escarlata. Su cuerpecito tirita entre mis brazos mientras sus ojos se graban en mi alma con fuego ardiente que nunca cesará… ni cuando desperté de pronto sudando frío y descubrí a mi pequeña en su camita… soñando.
Lizeth Mancinas
Bar en el horizonte
Cuentan los dioses y las diosas que cuando la Tierra era niña, la joven Noche vio por vez primera al galante Febo. La noche no pudo resistir esa mirada de fuego que entibiaba su oscuridad. Y Él, a su vez, no pudo resistir el lúgubre enigma de esos ojos oscuros, penetrantes.
La chispa se encendió entre el par de enamorados. Los rayos incandescentes del astro- soberano envolvieron a la bella Oscuridad en una lujuria incontrolable. La noche desanudó su manto negro dejándolo deslizar por su piel morena y llena de placer, en forma de esfera, se fusionó con el corazón ardiente del Sol…
El padre Cielo se enteró de la unión gracias a Mercurio, quien pregonaba en todo el orbe que Noche estaba embarazada. Que cargaba en su vientre un fruto solar. La furia del firmamento desató una tormenta eléctrica, pues no quería ver a su ensombrecida hija más triste de lo que casi siempre estaba.
Como el patriarca celestial era partidario de la justicia, buscó al Sol para hablar seriamente con él. Y éste, con toda nobleza, pidió al Cielo la mano de su hija Noche. Una acción brillante para el beneplácito de su futuro suegro, quien en el azul de su corazón deseaba un nieto, pero jamás pensó que tal regalo viniera de la más triste de sus hijas y el más radiante de los astros.
Después de un matrimonio universal celebrado en el salón “La Eternidad”, los recién casados con ansia esperaban el nacimiento de su primogénito.
Después del nacimiento de su hija, fue difícil para el Sol y
Nunca se sabía qué esperar de Luna: a veces solitaria, otras veces radiante y otras tantas misteriosa. Lo cual despertó desvelo en su nocherniega madre, quien siempre estaba presta para consolar a su lunática hija; sin embargo, ésta no dejaba de mostrar melancolía y ausencia en su mirada.
Cierta vez, Luna se sumergió en una honda depresión. Se encerró en su “cuarto” sin deseos de nada, ni de alimentarse. Deseaba “menguar” su luz hasta desaparecer. Su madre, asustada, no sabía qué hacer, y fue ésta la primera vez que buscó al Sol en su trabajo, provocando un tremendo eclipse…
Noche encontró a Sol en su hora de descanso. Oculto tras las nubes, se fumaba un cigarrillo con su amigo Marte. “Tenemos que hablar”, exclamó la apesadumbrada Noche dirigiéndose a su marido. Mientras que con lágrimas le relataba lo sucedido, su amado Febo la escuchaba atentamente.
Después de mucho dialogar, al Astro Rey le surgió una idea luminosa.La maternal sombra regresó a casa llena de júbilo y tocó a la puerta de su hija con la firme convicción de tener la solución para la melancolía lunar: Le propuso que ambas pusieran un negocio, su magnánimo padre apoyaba la idea.
Quien sabe con que artilugios logró
Se convirtió en un punto de reunión de miles de estrellas, las cuales acudían a titilar. Meteoritos de los cuatro rumbos del universo iban a buscar un poco de diversión. La banda “Puntos Cardinales” amenizaba siempre la convivencia astral. Tocaban melodías como “La brújula” y “Oriéntame”, las cuales pronto se convirtieron en grandes éxitos.
El mar era uno de los clientes “VIP”. A veces era divertido, pero en ocasiones tomaba demasiado “Tibu Ron”y se le subía la marea, entonces causaba tremendo alboroto. Luna se veía a obligada a llamar a Neptuno para que se lo llevara a descansar.
Y bueno, es en este antro donde Amor y Razón se conocieron. Ojalá este encuentro hubiera sido mas romántico que el del Sol y
Resulta que Razón siendo mucho mayor en edad que Amor, nunca salía a divertirse, prefería quedarse en su casa gris leyendo y practicando las Bellas Artes. Para nada le interesaba bailar o embriagarse. Cosas a su parecer demasiado absurdas y fútiles.
En cambio Amor, era un adolescente encantador, curioso, aventurero, siempre en busca de novedades.
Fue un momento extraño, de esos fabricados por el azar, en que
La reflexiva Razón estaba sentada frente a la barra en un banquito de birlocha. Las estrellas fugaces bailaban. La música ensordecía los oídos de Razón, quien se sintió tan agobiada por la muchedumbre y decidió beber para calmarse. Ordenó una “Idea en
Nuestra amiga Razón, de lentes y cabello relamido le daba sorbos a la bebida haciendo gestos al degustar el sabor. Quizás estaba tratando de descubrir cada uno de los ingredientes del brebaje. Se preguntaba cómo y por qué se había animado a ir a ese antro de mala muerte por demás caótico, absurdo e insoportablemente ruidoso.
En ese instante, sus pensamientos fueron interrumpidos de manera abrupta por los gritos de un torpe mozalbete que pedía al barman una copa de “Damiana”. El fulano al caercarse a la barra, accidentalmente dio un puntapié a
El alegre mozo dijo: “Pido disculpas, bella dama”, pero
A estas alturas ella echaba lumbre del coraje, pero el mareado Amor interpretó sus gestos como señales de conquista. Seguro esa mujer le coqueteaba, pensó. No le extrañaba, pues siempre causaba ese efecto. Así que pese a los rudos argumentos de
Se sentó junto a ella a conversar. Viendo las circunstancias,
Ella siempre media las cosas, sabia hasta donde dejar de tomar. Pero esta vez estaba sedienta y padecía una sequedad en la garganta a causa de dialogar con quienes la solicitaran; además estaba de mal humor.
Unas copitas después, el Amor era su amigo, su hermano, su padre y hasta su madre, pues en verdad era apuesto aquél mozuelo llamado Amor. Ambos decidieron ir a la pista, donde bailaron y hasta cantaron karaoke. Mas aquí entre nosotros,
El par de hermosos jóvenes caminaban entre luces tomados de la mano cuando salieron de “Horizonte” y se dirigieron a casa de Amor. Fue lo único que recordaba la lógica muchacha de lentes y pelo relamido cuando fue atropellada por la luz del día. Una cefalea chapoteaba en su cerebro disolviendo su mirada. Fuego recorrió sus venas al ver que llegaba el Amor con el desayuno preparado. Entonces ella se supo desnuda en el lecho del atrevido muchacho.
Se levantó del tálamo, pero antes tuvo que romper cadenas que la ataban a la almohada. Con la mayor frialdad del mundo y agarrándose la cabeza gritaba que había sido un error; entonces salió huyendo por la ventana, jurando no mencionar jamás el asqueroso incidente.
Al principio ella y su hijo vivían en Orion, todo era dicha para ella y su hijo. Pero al pasar el tiempo el hombre comenzó a hacer preguntas acerca de su padre. Ella respondía con evasivas, con sarcasmo, con dudas; mas tarde o temprano, Hombre sintió imperante necesidad de conocer su origen. La práctica madre lo reprendía fuertemente, pues nunca le diría quién era su padre. Sin querer, cada vez más entristecía a su hijo, quien anidaba un enorme vacío en el corazón.
Cierta vez Hombre salió a caminar para despejar la melancolía que le enfermaba. En su jornada decidió descansar en
Noche, silente, observaba lo ocurrido. Sintió compasión en lo más oscuro de sus entrañas. Por lo que le pidió a su hija Luna que iluminara al hombre para que pudiera ver a la Sra. Sabiduría, quien en forma de búho pasaba detrás de él. Fue ella quien con sus grandes alas lo cobijó, confesándole que su padre se llamaba Amor y estaba esperándolo con los brazos abiertos. Y él también anhelaba encontrarse con su hijo.
En ese instante un enviado de su madre
La sabiduría intentó convencer a Hombre de que ambos podían ser amados por igual, aunque al adoptarlos conjuntamente parezca surgir el caos, finalmente los padres bendicen a su hijo por igual.
Pero el hombre no escuchaba a Sabiduría, el miedo de perder a su madre logró que el Hombre dejara de buscar a su padre. Pero Luna decidió ayudar a Hombre; nadie como ella entendía de soledad. Luna sin su padre Sol, sólo seria una roca gris con agujeros; tal como el hombre sentía los huesos.
La pálida dama mandó un rayo que, al tocar la tierra, se convirtió en un alcatraz. De sus pétalos surgió una ninfa por nombre Mujer, con la misión de iluminar el camino de Hombre en su encuentro con Amor. Una epifanía de cabellos largos para el hijo de
¡Ay olvido! ¿Por que también
Mujer, ¿Qué no sabes que tienes la fuerza del abuelo Sol? El Amor es tu aliado, es a él a quien debes respeto.
Hombre, ¿Acaso olvidaste que tu padre es Amor y Razón te hereda el poder, mas no la fuerza?
Quizá por eso en noches de mucha aflicción, cuando el vacío se torna insufrible. Hombre y Mujer alzan sus rostros y con ojos llorosos contemplan a Luna. Le cantan, le hacen poemas, como buscando una oscura verdad.
Imploramos al destino que interceda para que la hija Luna y el hijo de
Sólo habrá hijos felices cuando honren a sus Padres. Que el hombre se reconozca como Amor y